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Papel de las arterias en el organismo

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Un investigador neerlandés llamado Hoorne decía que el cuerpo está formado por venas. Descubrió el método para hacer visibles las venas mediante la inyección de un colorante de color rojo. Impresionado por aquel experimento, ya lejano en el tiempo, que vio en los Países bajos, el zar Pedro el Grande quiso llevarse dicho preparado a su Rusia natal. No obstante, el colorante llegó en mal estado, ya que unos marineros se habían bebido el alcohol que se había empleado para conservar dicho producto dentro de un recipiente de vidrio.

Podemos considerar realmente como un milagro el hecho de que cada una de los miles de millones de células de las que se compone nuestro cuerpo esté prácticamente en contacto con este ininterrumpido sistema de transporte que constituye el sistema arterial. La sangre precisa aproximadamente un segundo para pasar de la parte arterial de los capilares sanguíneos a la parte venosa. Durante este segundo pasa oxígeno de la sangre a las células más próximas, mientras que, en sentido inverso, pasa dióxido de carbono procedente del metabolismo celular al interior del capilar sanguíneo. Del mismo modo pasan los nutrientes de la sangre a las células del entorno, mientras que los residuos metabólicos celulares pasan al interior de dichos capilares. Una vez cumplidas estas funciones, la sangre fluye de regreso al corazón a través del sistema venoso.

La circulación sanguínea menor, que va del corazón a los pulmones y regresa al corazón, precisa unos seis o siete segundos de tiempo. La circulación sanguínea que nutre a la musculatura del corazón, gracias a las arterias coronarias, se completa en unos tres o cuatro segundos. Por su parte, la sangre tarda unos ocho segundos en llegar al cerebro, mientras que la sangre que va a las piernas, hasta la punta de los dedos de los pies, tarda unos dieciocho segundos. De ello resulta que una célula sanguínea realice al día unas tres mil vueltas por el sistema circulatorio sanguíneo sin que cese el movimiento, día y noche. Parece que no existe otra cosa tan aficionada a viajar en el mundo. Sale con mucho ímpetu del corazón y va circulando por el sistema arterial, cada vez más ramificado y con calibres cada vez más pequeños, hasta alcanzar la fina red de capilares sanguíneos. También sucede que cuanto más delgados son los vasos sanguíneos, más lentamente circula la sangre. Al final cede, como un mensajero, la mercancía que transporta para regresar a través del sistema venoso. En caso de agotamiento corporal o sobreesfuerzo físico, tiempo frío, estado de ánimo alegre y en caso de fiebre, las células sanguíneas aumentan su velocidad de desplazamiento. Sin embargo, las depresiones y los trastornos de tipo anímico lo ralentizan. En estos casos se produce una nutrición defectuosa en miles de millones de células, y si no se solventa la situación, el ser humano en su conjunto puede enfermar. De ahí que los padecimientos anímicos, si duran mucho tiempo, pueden abocar en enfermedades orgánicas.

El pequeño doctor

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