Читать книгу Casiopea y la bóveda celeste - Lautaro Mazza - Страница 10

E L D O N

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Los meses fueron pasando y los padres notaron que su hija tenía algo que la hacía única, eran sus ojos. Casiopea padecía heterocromía, una rara mutación genética que produce que los ojos sean completamente diferentes, en este caso un color turquesa teñía su iris del ojo izquierdo y un color ámbar el derecho, sus abuelos no tardaron mucho en ir a conocerla. Al año los padres de Marina habían viajado de Barcelona a la Argentina para conocer a su nieta Casiopea. Desde el primer instante en que la vieron y la tuvieron en brazos sabían que era una bebita muy especial.

Era tanta la alegría que tenían que ya estaban planeando llevarla a conocer Barcelona. Por otra parte los padres de Marcelo también estaban obnubilados con Casio. Pasaron los años y Casiopea comenzó a viajar de muy pequeña en avión, pasó mucho tiempo yendo y viniendo entre la Argentina y España. Tenía una relación increíble con sus abuelos, ellos le enseñaban de todo y ella con gran agilidad aprendía rápido, muy rápido. A los cuatro años ya hablaba español y un poco de catalán, le encantaba pintar y solía tener amigos imaginarios a donde quiera que iba A los ocho años ya había aprendido a hablar en inglés, tenía facilidad para los idiomas, pero también tenía habilidad para otras cosas Ella tenía sueños premonitorios y la mayoría de las veces atinaba, pero otras no… En algunas ocasiones les contaba a sus abuelos que cuando los extrañaba se tiraba en la cama, se dormía y los visitaba. Los cuatro abuelos sabían que Casiopea tenía cualidades únicas. Ella podía hacer cosas que otros no, pero al ver la velocidad con la que su magia se desarrollaba decidieron por el momento que lo mejor era que esas habilidades quedaran adormecidas, así que por seguridad idearon un plan.

Además de esa extraña mutación genética, Casio a partir de los 4 años había comenzado a presentar una seguidilla de comportamientos extraños, los cuales no solo la alcanzaban a ella, sino que también surtía efecto en el mundo que la rodeaba. Una noche Marina estaba doblando ropa en su habitación y sintió voces, pensó que era la TV de Casio, por lo general siempre estaba encendida. Las palabras sueltas y las risas provenían de la habitación de su hija y sigilosamente dejó de hacer lo que estaba haciendo para salir al pasillo y acercarse en puntas de pie al cuarto de Casio. Al abrir la puerta suavemente como una espía se quedó quieta sin emitir palabra, por la brecha se podía ver la acogedora habitación de Casiopea, la cual estaba pintada de violeta y blanco, una lámpara proyectaba formas de estrellas y lunas contra la pared de su cama y alcanzaba parte del techo, había juguetes por todos lados. Lejos de estar viendo la TV, Casio estaba en la otra esquina de la habitación sentada cruzada de piernas, con su cabeza inclinada.

En ese rincón la luz casi no llegaba, la pequeña miraba el techo en la conjunción de la esquina y hablaba cosas sin sentido, algunas palabras eran irreconocibles y se reía como si estuviera viendo un número de comedia, ella decía:

—Bajá, Melia. Bajá. –Repentinamente se dio vuelta, miró a su madre y se revolcó en el piso riéndose como loca, extendió sus manos y le pidió un abrazo. Marina abrió por completo la puerta y sin dudarlo la levantó a upa y le hizo cosquillas en la nariz.

—¿Con quién hablabas, Casi?

—Con la “señoda” Melia. –Marina la miró y le preguntó si era otra de sus amigas imaginarias... Pero Casi no dijo más nada, se quedó callada y comenzó a jugar con su pelo. Mar no le dio mucha importancia, pero sintió un escalofrío al ver que su hija le estaba hablando a la oscuridad…

Otra de las experiencias inusuales se dio cuando su padre la llevó por primera vez a comer helado.

Mientras viajaban en el auto hacia la casa de los helados, Casio repetía cuatro números todo el tiempo, cuatro, seis, nueve, uno... Cuatro, seis, nueve uno… Marcelo se reía porque parecía una contestadora telefónica. Al llegar los dos caminaron de la mano hasta la puerta, donde se toparon con unas mesitas y unas señoras muy coquetas sentadas.

Una de ellas se bajo sus gafas de sol y miró a Casiopea.

—¡Qué linda nena! –Marcelo largó una carcajada de compromiso y agradeció el cumplido, la pequeña mano de Casio tiró de las mangas del suéter de su padre y le señaló la dirección… 4691, Marcelo nunca le había prestado atención a la altura de la calle, solo se había guiado por su memoria visual, pensaba que ella había visto alguna dirección en algún imán de la heladera, ya que siempre andaba hurgando por todos lados. Entraron de la mano y caminaron hasta un hermoso mostrador de madera color roble claro, un vidrio separaba al público de los helados y Casio en puntas de pie intentaba ver qué había ahí dentro, de pronto sus ojos se abrieron bien grandes observando los intensos colores de los helados, parecía una paleta con acuarelas.

Un empleado extrovertido no tardó mucho en caer hipnotizado por los increíbles ojos de Casiopea,

Parece un siberiano, pensó.

—Hola, ¿qué van a llevar? –Antes de que su padre emitiera una palabra, Casio abrió su boca, apuntó con su dedo y le dijo:

—Papá, dulce “leleche”, chocolate y pistacho y yo “furutilla”, limón y chocolate... –Marcelo desconcertado volvía a forzar una sonrisa.

—Ya la escuchaste… –Sacó su tarjeta de débito y pagó los helados. Los dos se sentaron en un cómodo sillón de color azul noche, debajo de un cartel de neón en forma de cucurucho.

—Despacito, está muy frío y te podés congelar. –Casi lo miró y se echó a reír.

—¿Cómo me voy “gelar”? –Sin mucha importancia a la advertencia de su padre probó un gran bocado y con una expresión enfática apretó sus pequeños dientes de leche, abrió los ojos y sus manos temblaron, parecía que estaba dentro de un cohete espacial en pleno despegue. Marcelo la miró y le dijo:

—¿Viste?... –La sensación de a poco fue desapareciendo y el helado había sido una experiencia increíble, era un viaje de ida, la mezcla de los tres sabores habían deleitado el novato y joven paladar de Casio. Al terminar se dirigieron a los lagos de Palermo. Para Marcelo el ejercicio de manejar era casi terapéutico, el día era espléndido, el sol brillaba y en la radio sonaba “20 de enero” de la Oreja de Van Gogh, fecha en la que había nacido Casio. El recuerdo de la misteriosa señora en el pasillo del sanatorio cobraba protagonismo, no solo por la canción sino también por la situación en la heladería, por segunda vez en su vida alguien se había metido en su cabeza, pero esta vez ese alguien había sido su hija. Esa noche Marcelo y Marina estaban acostados haciendo zapping, ninguno emitía una palabra pero sus gestos manifestaban todo lo contrario, las miradas iban y venían, hasta que Marina no aguantó más y largó:

—Tenemos que hablar. No es nada malo pero creo que Casio tiene algo… –Marcelo la miró a Marina con ojos de pekinés–. Sí, no me mires así, antes de ayer mientras mirábamos el noticiero y estaban por dar el pronóstico del tiempo, ella se adelantó y dijo que hoy iba a estar soleado y que mañana iba a llover, y la chica del clima usó las mismas palabras. –Marcelo miró a un costado y le dijo:

—Bueno, hoy pasó algo parecido. –Él le contó la situación que había vivido en la heladería, por ende tuvo que contarle lo sucedido hace 4 años atrás, la noche en que había nacido Casio. La luz titiló y ambos se quedaron a oscuras, de inmediato Marcelo se acercó a la ventana para ver si eran ellos los que no tenían luz o era el barrio completo, Marina se dirigió al cuarto de Casio y antes de entrar, observó que una luz muy brillante se colaba por debajo de la puerta, lo primero que se le vino a la mente era que se estaba prendiendo fuego el cuarto de su hija, pero no había humo, sin pensarlo y con un gritó de “¡NO!”, abrió la puerta… no podía acreditar lo que veía, su habitación aún poseía electricidad y mucha, tanto que en un punto a Marina le costaba mantener los ojos abiertos.

—Marcelo, al escuchar el grito, de inmediato arribó al cuarto de Casio y sorpresa, las luces estaban prendidas. Era el único lugar de la casa donde había luz, ambos se miraron y se acercaron a Casio, ella se encontraba en su cama rodeada de sus peluches y toda tapada, tenía miedo, su cara lo decía todo, su padre se sentó en la cama y le preguntó.

—Amor, ¿vos hiciste que se vaya la luz? –Ella tímidamente le dijo:

—Sí. Hay una “señoda” sentada en el “rompero” comiendo pan y como me dio miedo llamé a todas las luces. –Marina aterrada miró el ropero y no veía nada, Marcelo con cara de preocupación la alzó a upa, una vez fuera, las luces de la habitación se habían apagado como una vela, pero las del pasillo se habían encendido. Casio era como una linterna humana, de alguna manera había aprendido a controlar los flujos de energía y podía hacer que la luz solo la siga a ella, manejaba muy bien a los elementales del fuego, las chicas se quedaron juntas mientras que Marcelo, había ido a la planta baja a reestablecer la electricidad, pero para su sorpresa el tablero estaba okey… Casio en voz baja dijo la palabra lux (lucs), luz en latín, y aunque su pronunciación era bastante rudimentaria, la palabra surtió efecto De los veladores y las luces de techo comenzaron a desplazase pequeñas esferas lumínicas por toda la habitación de sus padres, parecía una galaxia. Cada esfera de luz estaba Regresando a su posición

—¡Chicas, volvió la luz! –Marina con una mezcla de sentimientos encontrados abrazó fuerte a Casio y dijo:

—¡Sí! Y cómo… –De alguna manera dejó escapar algunas lágrimas, quizá de emoción, quizá de miedo.

Esa noche la única que pudo dormir fue la pequeña Casio, sus padres no pudieron pegar un ojo. Era evidente que Casiopea tenía un don y sus habilidades conforme iba pasando el tiempo se iban incrementando, generalmente sucede lo contrario, a medida que crecemos el efecto va desapareciendo…

El cumpleaños de Casi había llegado, todos estaban reunidos en su casa, abuelos, tíos y algunos amiguitos del jardín.

Había globos violetas y azules por todos lados, guirnaldas plateadas y doradas colgaban de los techos, la mesa estaba repleta de cosas ricas, había para elegir, snacks, sándwiches de lomito, queso, y demás gustos. Casio y sus amigos estaban todos disfrazados de superhéroes, princesas y hasta piratas, una animadora propuso una decena de juegos para animar las cinco horas que había durado el cumpleaños, esa tarde la casa se había llenado de risas y felicidad. De todos los que estaban allí, solo los abuelos podían sentir la potente energía que emanaba Casiopea, ellos sabían bien que su nieta era especial, los cuatro se apartaron y salieron al patio para poder conversar con más tranquilidad.

Eleonora fue la primera en hablar, con un tono serio se refirió a la situación actual de la Argentina.

—Todo está tranquilo, por el momento, nosotros podemos hacernos cargo… –Lito miró a Eleonora y con su mano le hizo un gesto para que hable más bajo y le dijo:

—Sí, pero esto se tiene que terminar acá, no hay necesidad por ahora que siga incrementando su poder. –Maricarmen asintió.

—Hace tiempo que ellos vienen soportando estos fenómenos, debéis comprender que ni de coña la niña debe despertar por completo ahora.

—Eso seguro, afectaría por completo su psiquis –dijo Paco. Eleonora miraba por el ventanal aquella escena repleta de felicidad, los niños bailaban y cantaban, Casio llevaba un sombrero de bruja y una varita mágica que sacudía sin parar.

—Mirad a la pequeña hechicera. –Los cuatro se echaron a reír, Paco discretamente apuntó su mano contra el ventanal y con los dedos mirando al piso susurró en griego: stamatíste ti stigmí. Automáticamente el tiempo se detuvo, los gritos y risas descontroladas cesaron, el cumpleaños había quedado en pausa, todo se había vuelto más rígido, salvo por una chistosa voz que se hizo presente.

—¿Acaso no me van a invitar? –Cristal Anestiades se había hecho presente, era la mejor amiga de los cuatro y madrina de Marina.

—Casiopea necesita descansar y sus padres también, cuando el momento lo amerite ella va a despertar. –Paco la miró y le dijo:

—Tienes razón, las cosas están tranquilas de momento, el comité reforzó los puntos más sensibles. –Maricarmen los miró y les contó las malas nuevas.

—En Barcelona hace tres días han desaparecido tres niños. Todos con las mismas cualidades que posee Casio, pedimos ayuda al centro de Zugarramurdi pero no tuvimos respuesta, ni desde el organismo presidencial supieron qué decir.

Los cinco se lamentaron, sabían que, aunque las cosas iban bien en la Argentina, no podían dormirse en los laureles, estaban viviendo épocas de cambio y algunas cosas se podían salir de control en un abrir y cerrar de ojos. La desaparición de esos tres niños era un grave llamado de atención… Por otro lado Cristal volvía a redireccionar el tema de la reunión.

—Tenemos que empezar a trabajar en la caja, el libro ya está listo. –Eleonora entusiasmada le comentó que habían hecho un hallazgo fenomenal, habían encontrado una caja muy particular, que había sido construida por el astrólogo, alquimista y astrónomo Claudio Ptolomeo, descubridor de la constelación de Casiopea–. La caja tiene el poder de guardar experiencias y magia, mucha magia, es un oráculo, un reservorio de energía de proporciones siderales, es uno de los artefactos mágicos más buscados, encontramos la caja del almagesto… Maricarmen miró a Cristal y asintió.

—Así es, la condición para hacer uso de la caja tiene un precio, debemos entregar nuestras vidas, ahora ellas están marcadas por nuestras estrellas del destino, sabemos que nos queda poco tiempo Una vez que abordemos ese avión pasaremos a ser parte de esa constelación.

—Sí –dijo Paco.

—Lito está en lo cierto, vosotros sabéis que una vez que el ciclo se cumpla, guiaremos a Casio desde lo más alto, brillando con la energía de mil soles, sé que nuestra partida va a doler. –Eleonora abrazó a Maricarmen–. Es nuestra misión, esta noche debemos borrarles la memoria y adormecer la magia que reside en Casio… –Cristal se puso a llorar, sacó un pañuelo de su bolsillo y se sonó la nariz…

—Son los mejores abuelos del mundo, les prometo que voy a hacer lo posible por aliviar el dolor de su partida en toda la familia.

Lito la miró, tomó de las manos a Cristal y le agradeció. Un ruido alertó a los cinco, Cristal miró de reojo un charco de agua en las baldosas negras que formaba un espejo y en él se reflejó la imagen de un Tenebris Talpa escondido entre unas macetas, aquel era un camaleón oscuro, con la habilidad de transformarse en cualquier cosa y desde tiempos inmemoriales fue utilizado como espía, es muy difícil de dominar, solo magos de alto rango son capaces de doblegar su instinto Sus afilados ojos apuntaban hacia ellos y era una señal de peligro, alguien había escuchado todo. Eleonora cerró sus ojos y simuló una fuerte pisada, el impacto de su pie contra el piso generó una vibración que viajó como una ola modificando toda la estructura de la casa hasta llegar al ser que yacía posado en lo alto de la medianera, antes de que pudiera escapar, este se vio arrastrado por la onda expansiva inversa que ese golpe generó y se desintegró.

—Ladran, Sancho, señal de que cabalgamos –exclamó Cristal, los cinco se incomodaron más de lo normal y decidieron volver a descongelar el tiempo, era hora de regresar a la fiesta.

El momento de soplar las velas estaba en pleno auge, la mesa era larga y estaba repleta de tarteletas y cosas dulces, una torta arcoíris se encontraba en el centro de la mesa, Casio no podía dejar de mirarla, como si fuera la pintura de Leonardo Da Vinci, La última cena, Casi se encontraba en el medio con sus padres y a los costados de ellos los demás, cantaban y aplaudían, con cuidado encendieron las velas y la bengala que parecía un volcán en erupción emitía chispas para todos lados. Casio estaba llena de amor y felicidad, sus padres se miraban con miedo mientras cantaban el cumpleaños feliz ya que no sabían lo que podría pasar si su hija experimentaba alguna emoción fuerte.

La bengala estaba llegando a su fin y lo poco que quedaba de pólvora provocaba débiles destellos.

Casio al ver que la bengala se había apagado gritó: “¡MÁS!”. Aplaudió y una llamarada con chispas de todos los colores se elevó quemando los globos y el helio que llevaban dentro, un fuego de color verde, violeta y azul se expandió por el techo del comedor, todos quedaron perplejos y pegaron un grito, sus padres la agarraron y se tiraron al suelo, ella se estaba muriendo de risa, pero Marcelo y Marina casi revientan en cólera. La fiesta había terminado y Casio estaba exhausta, en la extensa mesa, quedaban migajas de aquel delicioso banquete. Sus padres compartían una agradable charla con sus abuelos, el mate iba y venía, la pava a un costado todavía conservaba agua caliente. El ambiente se mantenía calmo y relajado La brujita estaba recostada en el sillón a punto de dormir, su cuerpo tumbado dejaba caer su brazo con la varita a medio agarrar… El pelo le tapaba la cara y su respiración era tranquila.

Marina no paraba de jugar con el servilletero vacío, lo giraba, lo corría y miraba para todos lados, estaba nerviosa, o quizá no sabía cómo contarles a sus padres y sus suegros todas las situaciones extrañas que estaban viviendo, acercó la mano izquierda a su cara y con sus dedos recorrió los labios de abajo hasta unir el pulgar con el índice y decidió interrumpir la charla que mantenían los demás, era obvio que no le interesaba saber quién había inventado las piñatas, y con cara de preocupada, lanzó una bomba al centro de la mesa.

—¿Vieron lo que pasó hoy con la bengala? Fue Casio… –Literal había sido una bomba, Marcelo la miró con asombro pensando que no era el momento o quizá sí…

Maricarmen se sonrió y miró a su hija, Marina lo tomó mal y enojada le preguntó:

—¿De qué te reís, mamá?

Maricarmen con seriedad puso sus manos suavemente en la mesa, aclaró su garganta y dijo:

—Lo sabemos, hija, me imagino que si tiene facilidad para manejar el fuego, ¿supongo que el agua también? ¿No? –En ese momento Marcelo dejó caer un bocado de torta de su boca y recordó que, 2 años atrás, mientras Marina bañaba a la pequeña, el agua de la bañera se había elevado hasta el techo, todavía recordaba las gotas suspendidas en el aire que parecían caireles flotantes…

—¿Ustedes sabían de todo esto? –Marcelo se sentía decepcionado

El clima se había tornado muy inestable, Paco se paró y los observó a los ojos fijamente.

—Es hora de que vosotros os enteréis de lo que pasa con la pequeña Casiopea

Marcelo y Marina se miraban enajenados, no entendían nada. Consigo llevaban un sentimiento de desarraigo, sentían que sus padres no eran sus padres. Los dos cayeron en un abismo donde la oscuridad se acrecentaba y la incertidumbre reinaba…

Eleonora miró a su hijo y con una mirada de bondad le dijo:

—Hijo, no te enojes, pero siempre supimos que Casiopea iba a ser especial… –Marcelo se levantó de la mesa y se alejó, los miraba como si fueran impostores.

—No entiendo nada de esto, ¿qué le pasa a mi hija?

Marina tampoco comprendía lo que pasaba, su cabeza era un caos. Al ver su estado de alteración, Lito se metió en la cabeza de los dos y una voz con eco los tranquilizó.

—Necesito que presten atención a lo siguiente. –Lito comenzó relatando que de muy pequeño le pasaban cosas como a Casiopea, tenía habilidades que otros niños de su edad no poseían, esta especie de “don” siempre se saltaba una generación, a menos que el cosmos decidiera lo contrario.

Ahora que sabían que su hija tenía esas habilidades, deberían estar listos para afrontar la noticia que los destrozaría por completo. Sin anestesia Maricarmen los miró y con sus manos formó un triángulo.

—Mellontikós Apokálypse. –Instantáneamente los dos tuvieron la visión más espantosa de todas sus vidas, vieron el momento de la muerte de sus padres, Marina y Marcelo no podían soportar el dolor de aquellas imágenes y antes de que pudieran decir algo, los cuatro abuelos recordaron un viejo hechizo árabe y conjuraron “Alnusayan Alttamu”. Los ojos de sus hijos se cerraron y cayeron en un acentuado sueño. De alguna manera el encantamiento permitió que Marcelo y Marina pudieran despedirse de sus padres en otro plano y a su vez eliminó todo recuerdo de las habilidades de Casio, de esa manera podrían llevar una vida normal junto a la pequeña. Luego se volvieron hacia Casio y lanzaron otro hechizo, “Ad Prohibere incantaorum vehementem”, su cuerpo se elevó y con mucho cuidado extrajeron la magia que guardaba dentro. Maricarmen de una bolsa sacó una hermosa caja y la acercó a la cabeza de su nieta provocando que las memorias de Casio y su poder ingresaran en ella.

Una vez realizado el trabajo, la familia continuó la charla de las piñatas y todo había vuelto a la normalidad.

Habían pasado cinco años Era hora, el portal estaba abierto, la constelación de Casiopea brillaba más de lo normal, Paco, Lito, Maricarmen y Eleonora se encontraban en el aeropuerto internacional de Barcelona Josep Tarradellas El Prat, ellos sabían que su destino y el de todos lo que abordaran el vuelo 9525 de Germanwings sería catastrófico Un sentimiento de impotencia se columpiaba en la mente de los cuatro. Las imágenes iban y venían. Maricarmen repasaba los distintos desenlaces posibles, pero ninguno era viable, además no podían echarse para atrás Ya no.

A veces da miedo saber que el final se acerca, pero ellos sabían que podrían seguir ayudando desde otro plano…

Una joven voz femenina anunciaba la partida del vuelo.

—Pasajeros del vuelo 9525, favor de abordar por la puerta de embarque siete…

Los cuatro se dirigieron a la fila para tomar un viaje del que nunca volverían Momentos previos al embarque un pasajero se descompuso y tuvo que ser retirado. Los ojos de Eleonora siguieron atentamente a aquel joven tanto que pudo ver dentro de su cabeza, el chico en cuestión había tenido un mal presagio, pero lejos de saber qué era lo que sucedería, su cuerpo habló y se desmayó

—No está en su destino

La azafata cortó el ticket e invitó a pasar a los cuatro a la manga, esos serían sus últimos pasos que darían sobre esta tierra, las enormes ventanas dejaban ver la colosal nave de Germanwings que los llevaría a otra dimensión, la rampa en descenso los hacía tomar velocidad y al entrar al avión sintieron la pesada tristeza del piloto, “el comandante de la muerte”, así lo apodaba Lito…

Una vez ubicados en sus asientos, cada pareja se tomó de las manos y aguardaron el momento del despegue. Pusieron sus mesas en posición vertical, abrocharon sus cinturones, escucharon las advertencias de la azafata y las turbinas comenzaron a rugir.

—Les habla el piloto de la aeronave, estamos a punto de despegar hacia Alemania. –Este prosiguió el aviso con datos meteorológicos y cerró–: Esperemos que disfruten el viaje… –Ahora sí, los abuelos de Casio aguardaban el momento de su muerte y la de todos… 10:30 el avión desaparece de los radares a la altura de dos mil metros, sobre el departamento de los Alpes de Alta Provenza, para ese entonces ya nada quedaba de aquella aeronave y su tripulación Paco, Lito, Eleonora y Maricarmen estaban atravesando un portal a otra dimensión junto a las almas de todos los que estaban allí. Todos volvían a la fuente y eran guiados por los abuelos de Casio. Se dice que existe un lugar en el cual las conciencias estelares de todos los seres son recibidas para regenerarse o seguir nuevos caminos.

La noticia causó impacto a nivel internacional y no tardó mucho en llegar a los portales de noticias argentinos, Marcelo estaba a punto de ir al trabajo cuando encendió la TV y vio los titulares Se sintió morir, no sabía cómo explicarles a su mujer y su hija lo que había sucedido. Con las pocas fuerzas que le quedaban subió a su cuarto, contempló a Marina durmiendo plácidamente y no podía evitar sentirse tan desgraciado, sabía que al despertarla su mundo se vendría abajo. Se recostó y cuidadosamente la abrazó, sus ojos estaban llenos de lágrimas, Marina se despertó, se dio vuelta y lo miró.

—Ay, amor, ¿qué pasa?, ¿por qué llorás? –Marcelo no podía decir ni “a”, solo la miraba horrorizado y la abrazó muy fuerte

—Se fueron, amor, nuestros papás se fueron. –Marina lo agarró fuerte de la cara.

—¿Cómo que se fueron?, ¿qué pasó? El avión ¿FUE EL AVIÓN?

—Sí, el avión se estrelló en una zona montañosa, no hay sobrevivientes. –Los dos lloraron desconsoladamente, sus almas estaban destrozadas, no podían soportar tanto dolor. Oyeron pasos y se limpiaron la cara, era Casio, ya estaba despierta, se acercó al cuarto de sus padres y había quedado en la entrada de la puerta, observándolos, estaba despeinada y en su mano tenía una cadena con un dije.

—Soñé con los abuelos… –Un escalofrío recorrió la espalda de Marina.

Los dos la invitaron a unirse a ellos y con el mayor de los cuidados le contaron lo que había pasado. Con tan solo once años Casio sintió por primera vez su corazón partirse en mil pedazos.

El teléfono comenzó a sonar, sus celulares también, pero ellos no quisieron hablar con nadie, no en ese momento. Se sentían muy mal, habían quedado huérfanos, esa sensación era horrible, Casio se había ido a su cuarto, quería estar sola, no entendía cómo había pasado semejante cosa. Su energía de a poco iba incrementando, la muerte de sus abuelos había generado un punto de inflexión peligroso ¿Podría llegar a ser que ese evento rompiera aquel hechizo y despertara? Sus emociones hervían, parecía una olla a presión a punto de explotar.

A las pocas horas, el timbre sonó, era Cristal y traía cuatro jazmines, Marina de inmediato abrió la puerta y las dos se abrazaron con tanta fuerza que parecían dos imanes, juntas se quebraron en llanto y luego ingresaron al domicilio. Ese día Casio decidió no salir de su habitación por nada del mundo.

Una vez en el comedor, Cristal, Marcelo y Marina comenzaron a charlar sobre sus padres, recordaron toda su infancia y los momentos más importantes que vivieron juntos, fueron ejemplares como padres y abuelos. Cristal les tomó la mano a los dos y les dijo:

—Cierren sus ojos y déjense llevar. –Como si fuese un calmante, ella les depositó en su memoria aquel recuerdo de despedida que les permitiría llevar mejor la muerte de sus padres. A través de las manos de Cristal fluía una energía tan poderosa y serena que de a poco recomponía el corazón de Marcelo y Marina Lo único que atinaron a decir fue: “Gracias”.

Esa tarde Cristal abandonó la casa sabiendo que dentro de un tiempo Casiopea despertaría, para su edad, era fuerte pero a la vez era frágil, ella estaría supervisándola de lejos

A raíz de los lamentables hechos, los padres de Casiopea decidieron vender su casa y mudarse a otro barrio para cambiar de aires y ambiente, aquella casa poseía muchos recuerdos. Habían decidido irse al sur de la ciudad, Barracas estaba bien, además quedaba cerca de sus trabajos y Casio no tendría que viajar mucho para llegar al colegio, uno de sus sueños era entrar al Nacional Buenos Aires, era hora de comenzar de nuevo.

Casiopea y la bóveda celeste

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