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EL PAPEL DEL SISTEMA INMUNITARIO
ОглавлениеMantener el equilibrio
Cuando se disfruta de buena salud, todo está en equilibrio, todo funciona en armonía, dando lugar a un individuo sano. Con la enfermedad, el equilibrio se pierde y el sistema inmunitario lucha concienzudamente para recuperarlo. Si gana la batalla, volvemos a encontrarnos bien. Si no, otras influencias se aprovechan de los desarreglos del sistema y se unen al combate, provocando nuevos desequilibrios. Siempre que el sistema inmune esté bajo control, la batalla se ganará tarde o temprano y se restablecerá el orden.
Luchar contra las infecciones
Las bacterias, virus, hongos, parásitos y gusanos campan a sus anchas por el mundo. No hay forma de evitarlos por completo en la vida diaria; por lo tanto, el factor clave es vivir en un ambiente internamente equilibrado. Estar en contacto con una bacteria patógena no significa que vaya a infectarnos automáticamente. El medioambiente está repleto de hongos que causan candidiasis bucal, por ejemplo, o microbios que provocan neumonía. Pero la mayoría disponemos de un sistema inmune equilibrado que los mantiene bajo control. Sin embargo, tomar muchos antibióticos destruye las bacterias beneficiosas y facilita que el hongo irritante (no afectado por antibióticos) colonice espacios que normalmente estarían ocupados por estas bacterias, dando lugar a la aparición de candidiasis. Igualmente, si nuestro sistema inmune ha estado luchando contra una infección grave y tenemos las defensas bajas, los microbios de la neumonía pueden aprovechar la oportunidad para atacar.
Muchas patologías, como el resfriado común, son infecciones, y debemos intentar no propagarlas, especialmente entre niños de corta edad, ancianos y enfermos. No es de fiar quien tiene una infección y acude al hospital a visitar a alguien al que acaban de operar o ha tenido un bebé. ¡Procure mantener los microbios bajo control!
Hacer excepciones
Nuestro cuerpo no puede destruir a todos los agentes ajenos que vienen de fuera: la comida, por ejemplo, es esencial para la vida, aunque sea «externa» o exógena. En consecuencia, el sistema inmunitario del abdomen está adaptado para aceptar este tipo de material. Por ejemplo, podemos comer un huevo sin padecer efectos adversos, pero si nos lo inyectáramos directamente en vena el sistema inmune lo atacaría de inmediato.
Para que podamos reproducirnos, el esperma «ajeno» ha de introducirse en el cuerpo femenino. El esperma (que es exógeno) ha de contener inmunosupresores locales para evitar ser rechazado por el sistema inmune de la mujer. Y, por supuesto, el sistema inmunitario femenino ha de tener un gran poder de adaptación para permitir que un organismo completamente distinto viva en su interior durante nueve meses.
Hay muchas bacterias dañinas, pero no todas; algunas son necesarias para la existencia diaria y desempeñan importantes funciones, por lo que es sumamente importante que nuestro sistema inmune no las ataque. Cuando los microbios beneficiosos del intestino son destruidos por antibióticos, quedamos expuestos al ataque de hongos y otros agentes patógenos (microorganismos dañinos). Necesitamos microbios amigos en el intestino, la piel y las membranas mucosas para evitar que los invasores se instalen en ellos y modifiquen el entorno a su beneficio… y en nuestro perjuicio.
Mantener el orden
Más fundamentalmente, debe evitarse una «guerra civil» dentro del cuerpo: el sistema inmunitario no ha de atacar a su propio ejército (una tarea difícil cuando se trata de un ejército compuesto por millones y millones de efectivos de muy distinto signo). También es importante que las armas destinadas a combatir al invasor no destruyan accidentalmente nuestras propias defensas; estas armas han de reservarse y desactivarse cuidadosamente en «tiempos de paz».