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1 LA INMUNIDAD EN CRISIS

Cuando uno es joven, es fácil engañarse y pensar que las enfermedades degenerativas solo pondrán en peligro la vida de los demás. Pero ¿es usted realmente inmune a infecciones más o menos importantes? ¿O cree que el cáncer pasará de largo sin afectarle? ¿No tiene alergias y casi nunca se resfría? Si lo que quiere es responder afirmativamente a estas preguntas, entonces está leyendo el libro adecuado. Nuestro objetivo es proporcionarle los conocimientos necesarios para fortalecer su sistema inmunitario, evitar enfermedades, encontrarse mejor, obtener un mejor rendimiento, tener mejor aspecto y vivir más años.

Es un consejo de lo más oportuno, porque la humanidad podría estar al borde de una crisis inmunitaria mundial si se mantienen las tendencias actuales en las enfermedades inmunes. Consideremos los hechos:

 Se estima que hacia el año 2017 la probabilidad de tener cáncer será superior al 50 %.1 En Estados Unidos, a casi uno de cada dos hombres y a una de cada tres mujeres se les diagnostica cáncer en algún momento de su vida. Una de cada ocho mujeres británicas desarrolla cáncer de mama, y las cifras no paran de crecer. Se presenta con mayor frecuencia y a edades más tempranas que hace una década. Según las predicciones, hacia el año 2017, el riesgo de contraer cáncer será del 50 % en las mujeres y del 65 % en los hombres, y uno de cada cuatro hombres tendrá cáncer de próstata. Estamos perdiendo la batalla contra el cáncer.

 En una década se ha duplicado la mortalidad causada por enfermedades infecciosas.2 Tanto en Estados Unidos como en el Reino Unido, el número de infecciones está aumentando de forma exponencial. Un estudio sobre la mortalidad en Estados Unidos entre 1980 y 1992 ha revelado un alarmante aumento del 58 % de muertes por enfermedades infecciosas.

 Las muertes por enfermedades infecciosas entre los 25 y los 44 años se han multiplicado por seis. Eso solo se debe en parte al mayor número de fallecimientos por VIH. La mortalidad por infecciones respiratorias ha experimentado un incremento del 20 %. Según Spence Galbraith, exdirector del Centro de Vigilancia de Enfermedades Transmisibles del Reino Unido: «La tasa de cambio de infección humana parece estar aumentando. Sabemos que no pasará mucho tiempo antes de que aparezca la próxima amenaza microbiana para nuestra especie».3

 Cada año fallecen un millón de personas por intoxicación alimentaria.4 La creciente incidencia de enfermedades causadas por microbios en la comida, que en algunos países occidentales ya ocupa el segundo lugar después del resfriado común, podría ser un efecto multiplicador del uso de cerca de cincuenta mil toneladas de antibióticos al año.

 Se usan cincuenta mil toneladas de antibióticos al año en todo el mundo en humanos, animales o plantas. Solo en el Reino Unido, los médicos extienden más de cincuenta millones de recetas de antibióticos cada año…, aproximadamente una por persona y año.5 Los antibióticos no solo causan irritación intestinal, al destruir las bacterias saludables que pueden tardar seis meses en restablecerse, sino que además su uso generalizado supone el desarrollo de peligrosas bacterias farmacorresistentes, desde el estafilococo al mycobacterium tuberculosis o el estreptococo (responsable de la mayoría de infecciones de garganta). El riesgo de otitis recurrente es cinco veces mayor en niños que han sido tratados con antibióticos.

 Una de cada tres personas tiene alergia, lo que demuestra la creciente debilidad de nuestro sistema inmune.

 Por término medio, tenemos tres resfriados o episodios de gripe al año, con una intensidad que depende de la fortaleza del sistema inmunitario de cada uno. Cada año, fallecen unas tres mil personas a causa de la gripe; en el curso de una epidemia gripal, el número puede llegar a treinta mil.

La idea de que los gérmenes causan infecciones (demostrada por Louis Pasteur en el siglo XIX) hizo suponer que las enfermedades podían vencerse y que la salud se restituía destruyendo al agente externo. Entramos así en la era de «un remedio para cada microbio», basada en la convicción de que la enfermedad es un obstáculo ocasionado por algo que debe destruirse, en general por medio de fármacos. Aunque este enfoque ha dado resultados muy positivos, el concepto de «medicina de ataque» no es capaz de proporcionar los nuevos avances que necesitan la mayoría de los problemas de salud a los que hoy nos enfrentamos. La alternativa es reforzar el sistema inmune.

Piense en su sistema inmune como si fuera su equipo médico particular, competente en el arte de curar, siempre disponible y preparado para tomar medidas preventivas y evitar una crisis. Tanto si intenta prevenir una enfermedad como curarla, el sistema inmunitario es su principal línea de defensa. Vale la pena protegerlo para que pueda confiar en sus servicios y le permita disfrutar de una vida saludable y feliz. Sin embargo, la vida moderna tiende a hacer precisamente lo contrario: estresar al ejército inmune en vez de reforzarlo.

En un periodo de tiempo relativamente corto, se han producido grandes cambios en lo que comemos, lo que respiramos, lo que bebemos y en cómo nos desplazamos, es decir, en toda nuestra forma de vida. Confiamos en que nuestro cuerpo se adaptará rápidamente y encontrará nuevas maneras de acumular o deshacerse sin riesgos de las siete mil nuevas sustancias químicas a las que está expuesto: pesticidas, aditivos alimentarios, fármacos, detergentes domésticos y otros productos. No obstante, si queremos que no sean dañinos para nuestra salud, tenemos que eliminar o reducir al máximo su toxicidad.

Los nutrientes contenidos de forma natural en la alimentación ya no bastan, por lo general, para que nuestro sistema inmune haga frente eficazmente a estos ataques continuos. Muchas personas, con sobrepeso o no, consumen más calorías de las que realmente necesitan. Al mismo tiempo, necesitamos mayor cantidad de nutrientes para enfrentarnos a la contaminación excesiva y al estrés. Sin embargo, estos nutrientes son eliminados de los alimentos en los procesos de fabricación y procesamiento industrial, lo que nos deja con productos repletos de calorías y con un bajo nivel nutritivo.

Como ya habrá deducido, un sistema inmunitario saludable y eficiente tiene muchos enemigos, y no todos pueden evitarse. Como en cualquier guerra, cuantos menos enemigos le ataquen a la vez, más posibilidades tendrá de mantenerse en cabeza. ¿Cuántos puede identificar y eliminar o reducir? ¿Hay otros que deba añadir a su lista, quizá como consecuencia de su trabajo o del lugar donde reside? Lo mejor es intentar reducir al mínimo estos enemigos y reforzar su sistema inmune para enfrentarse al resto.

Estos son los principales enemigos del sistema inmunitario:

 Humo (del tabaco y otros, por ejemplo, chimeneas, incineradoras, etc.)

 Estrés

 Contaminación (tráfico rodado o aéreo, industria, etc.)

 Pesticidas

 Radiación

 Sustancias carcinógenas (industriales o domésticas)

 Drogas y fármacos (legales, ilegales, médicos); su reducción o eliminación requiere supervisión médica… no lo intente sin ayuda

 Aditivos alimentarios (especialmente colorantes y aromatizantes)

 Equilibrio incorrecto de alimentos (por ejemplo, demasiada sal, grasas o azúcar)

 Accidentes

 Obesidad o ayuno prolongado

 Equilibrio deficiente de minerales

 Equilibrio deficiente de vitaminas

 Ejercicio inapropiado

 Defectos genéticos

 Infecciones (de bacterias, virus, hongos, protozoos, lombrices, etc.)

 Actitud negativa ante la vida

 Infelicidad

¿POR QUÉ NECESITAMOS FORTALECER NUESTRO SISTEMA INMUNE?

He aquí algunas razones para fortalecer nuestro sistema inmune:

1 Determina la rapidez con la que envejecemos.

2 Se enfrenta a los virus, bacterias y otros microorganismos que tratan de atacarnos y provocar enfermedades, desde los más comunes como resfriados y candidiasis oral, hasta los más raros pero mortíferos como meningitis, legionelosis o sida.

3 Tiene capacidad para destruir las células cancerosas a medida que se forman.

4 Se encarga de vaciar el cubo de la basura de nuestro cuerpo cada día, deshaciéndose de células muertas, invasores eliminados y productos tóxicos.

5 Ofrece protección frente a radiaciones y contaminantes químicos.

6 Si está deteriorado, puede perder el control y causar problemas de alergia o enfermedades autoinmunes como la artritis.

7 Con un sistema inmune debilitado, las enfermedades aparecen más a menudo, son más graves y persistentes.

8 Con un sistema inmune fuerte, nuestras defensas son casi invencibles y podremos llevar una vida larga, saludable y activa.

Esencialmente, la vida es para vivirla y para darnos a los demás, para aprender, amar, cumplir nuestros deseos y disfrutar, y no hay nadie que quiera perder tiempo enfermando.

Refuerza tu sistema inmunitario

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