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Mito antiespañol de la propaganda protestante

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De acuerdo con Schilling, estrategias y tácticas tan diferentes llevaron a que la visión del bando protestante antiespañol se impusiera hasta bien entrada la Guerra de los Treinta Años (1618-1648). Aduce dos motivos:

«En primer lugar, la fuerza con la que caló la Leyenda Negra, obra de holandeses e ingleses, que ofrecía una visión populista y cerrada de las crueldades cometidas por los españoles en sus territorios de ultramar y en los campos de batalla europeos, y que se ajustaba al supuesto carácter de fondo del pueblo español hosco y maligno. En segundo término, la imagen negativa de España se impuso, ya que muchos católicos, por más que admiraran a los españoles como salvadores de la fe, desconfiaban de ellos en cuestiones políticas. A diferencia del carácter uniformemente negativo, y por ello particularmente eficaz de la imagen de España en tierras protestantes, dicha imagen no fue entre los católicos continua y unitaria, y por consiguiente adoleció de una menor efectividad».55

Para el historiador alemán, al igual que sucede en la relación entre la Iglesia católica y la Reforma alemana, «sería erróneo entender la España de comienzos del XVI como una nación atrasada y cerrada al cambio que se opuso a la dinámica de modernización propia del imperio en esa época. Tal es el mito antiespañol de la propaganda protestante. Un análisis histórico revela de inmediato que la realidad fue justamente la contraria».56

La confluencia de lo político y lo religioso en aquella época explica en parte el que la Leyenda Negra contenga un ingrediente anticatólico de fácil rastreo. A grandes rasgos, cabe afirmar que hasta ese momento Europa no solo era cristiana, sino católica. Para ser precisos, supone un anacronismo decir Europa para referirse al continente en el siglo XVI. El término entonces vigente era Cristiandad,57 entendida como tierras habitadas por cristianos y consideradas como una amplia patria humana.58

La evidencia también muestra que los estereotipos pueden ser imprecisos o inexactos, incluso falsos, pero son efectivos porque permanecen. La etimología de la palabra y su vinculación con la imprenta dan pistas: «estereotipia» se definía a comienzos del XIX como «el arte de imprimir con planchas firmes y estables en las que las letras no se pueden separar», es decir, que se repiten siempre. Curiosamente, el Diccionario de la RAE (2022) añade una nueva acepción como patología psiquiátrica: «repetición de un gesto, acción o palabra, característica de algunos trastornos mentales». Sin entrar en su gravedad patológica, los estereotipos vienen a ser como un pensamiento exprés o un razonamiento de urgencia, con las consiguientes limitaciones.

A ello hay que sumar la envidia y animadversión que suelen suscitar los éxitos ajenos mal digeridos, como explica el historiador de la Universidad de Cambridge y sacerdote anglicano Edgar Sanderson:

«El honor de dar América al mundo, el consiguiente engrandecimiento de España, acrecido en lo sucesivo con nuevas aportaciones territoriales a costa de una exploración secular no igualada por ninguna otra nación en región alguna y que constituye en conjunto la más maravillosa serie de valientes proezas que registra la historia, suscitó a la larga la animadversión en la mayor parte de las naciones europeas y no se perdonó medio para contrarrestar la grandeza del glorioso pueblo que, llevado por su intrepidez al otro lado del Mar Tenebroso… había hallado y estaba colonizando un Nuevo Mundo… Tal leyenda colonial antiespañola no ha podido, sin embargo, resistir al fulgor de la verdad aportado por nuevas y desapasionadas investigaciones, el cual ha iluminado y continúa esclareciendo el fondo de crasa ignorancia y a veces de mala fe que había, y no en plumíferos de baja estofa sino en historiadores de renombre universal».59

Factor importante que ayudó a configurar la imagen de España fue la narración de viajes a la península, sobre todo, de franceses y británicos. Comenzaron en el siglo XVII, aumentaron en el XVIII y en la primera mitad del XIX. Con sus relatos modularon el estereotipo de los españoles, que pasaron de ser crueles, fanáticos y sanguinarios a orgullosos, indolentes y religiosos.

Estos trazos históricos configuran un cuadro que reúne las tres condiciones que el filósofo vallisoletano Julián Marías considera necesarias para perpetuar la Leyenda Negra: tratarse de un país importante, admiración envidiosa y no confesada hacia él, y una organización o varias que se combinan o turnan. Según el pensador español, para que el efecto legendario permanezca deben darse las tres a la vez. Si no, el fenómeno no cuaja o, si lo hace, decae pronto.60

Mentiras creíbles y verdades exageradas

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