Читать книгу Bangladesh, tal vez - Eric Nepomuceno - Страница 16

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La comida se va acabar en cualquier momento, y llevamos un día y una noche caminando sin parar y sin encontrar ninguna señal de vida. Ni una casa, ningún pasto con animales sueltos y ninguno de esos indios caminadores. Nada. Yo no sabía que la guerra podía llevarme tan lejos, tan al fin del mundo. De vez en cuando nos detenemos para descansar. Es el segundo par de zapatos que tengo en la vida, mis botas de soldado. Mis pies arden, están hinchados. El Negro Raúl tiró su mosquete y a nadie se le ocurrió recogerlo: se quedó en el suelo, allá atrás.

Si el enemigo aparece, será un regalo: yo no dispararé ni nada, intentaré levantar los brazos enseguida y listo.

Estamos en lo alto de la colina, vamos a seguir. Hay un descampado más adelante. Enrique y El Negro Raúl, que ahora también manda, deciden: “Vamos a cruzar este pastizal, hasta el final”.

Un día más termina, la lluvia empieza de nuevo. La lluvia nos agarra a la mitad del descampado. Hay mucho llano por delante y ningún árbol alrededor. Así pasaríamos esa noche: encogidos en medio de un desierto raso de pasto verdoso y reseco, en medio de una lluvia interminable, con hambre, frío, furia y miedo.

Bangladesh, tal vez

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