Читать книгу Bangladesh, tal vez - Eric Nepomuceno - Страница 17

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Me acuerdo de todo. Antes del amanecer ya estábamos caminando. La lluvia seguía implacable; cuando amainaba un poco, se podía ver que clareaba. El frío era el de siempre. Caminamos. Renato todavía tenía algunos cigarros: los tenía guardados dentro de la camisa, donde se mojaban menos y nadie podía descubrirlos.

A lo largo de toda la mañana, el hambre pesaba más que la ropa empapada, más que mis botas llenas de lodo.

Continuamos colina arriba. El sol se fue abriendo camino, poco a poco, decidido, atravesando el fin de la lluvia. Era mi segundo par de zapatos: mis botas de soldado. Estaban pesadas y duras. En los talones, un par de navajas. Y yo, firme. El mosquete se me cayó dos veces. A la tercera El Negro Raúl dijo: “Deja que yo lo lleve”. Pensé: “Mi mosquetón”. Pero pesaba mucho, y me pareció bien que él lo cargara un rato.

Allá en lo alto hacía más calor. Caminamos toda la mañana.

Bangladesh, tal vez

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