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UNIDADES POR DESCRIBIR

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Este doble recurso teórico nos ha permitido delimitar objetos de magnitudes distintas que serán sometidos, según los casos, a un microanálisis o a un macroanálisis, recurriendo al recorrido generativo de Greimas y/o a los modelos de la subjetividad discursiva, propuestos por Coquet.

La semiótica, durante largo tiempo, ha seguido la práctica de la extracción y del microanálisis de pequeñas unidades de discurso (recordemos el célebre análisis de Los gatos de Baudelaire, por C. Lévi-Strauss y R. Jakobson, y sobre todo, el de Dos amigos de Maupassant, por Greimas22). Por nuestra parte, también aplicaremos ese tipo de análisis a una producción discursiva limitada (un dibujo, un texto dictado al terapeuta, una conversación corta). Pero señalaremos que la mira de esos microanálisis está puesta siempre en la localización de una etapa en devenir; son como un sondeo que aporta la prueba de movilidad de la identidad del sujeto-paciente.

Ese tipo de análisis es indispensable para acceder a la descripción de una unidad de rango superior, la constituida por la sesión de terapia. El caso de Kathryn mostrará todo el interés que existe en sacar a la luz las diversas posiciones de enunciación ocupadas, que son evidentemente otras tantas posiciones subjetales distintas.

La terapia en su globalidad puede constituir un objeto, lo cual presupone la elección rigurosa de un nivel de pertinencia adecuado, pues se corre el alto riesgo de perderse en la maraña de significantes que intervienen, o lo que es peor, de proceder a extracciones perfectamente arbitrarias. El caso de Yann nos dará la ocasión de intentar hacer un macroanálisis para reconstruir el recorrido del sujeto en sus avatares.

Finalmente, y eso se nos ha revelado en el encuentro con la psiquiatría de sector, es posible, y de gran valor heurístico, salir del marco de la(s) sesión(es) de terapia para tratar de describir y de analizar el proceso de constitución del marco terapéutico mismo, el cual es, por cierto, material, pero, sobre todo, marco simbólico, producido por elecciones múltiples: lugar(es), terapeuta(s), duración y número de sesiones semanales, apoyo(s), permanencia(s), etc., resultado todo eso de un «contrato» con el atendido y con su familia (se trata aquí siempre de un niño o de un adolescente).

Una semiótica de la terapia debería ser también una semiótica de la construcción del marco terapéutico, del «laboratorio natural». Tal extensión se abre a nuevos paisajes teóricos, particularmente a la mitología familiar (organización de creencias, de mitos y de leyendas que permiten la metabolización de los acontecimientos) y sus relaciones complejas con el marco terapéutico, nuevo universo donde el paciente va a poder poner en discurso aquello que no podía hacer en el universo familiar.

Psiquiatría de la elipse

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