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II.6.B) EL ESCASO CONTROL EJERCIDO POR LOS ACCIONISTAS SOBRE LOS GESTORES
ОглавлениеAl margen de los conflictos que pueden surgir entre los colectivos previamente señalados, conviene hacer referencia a la tradicional controversia planteada entre propietarios y gestores de las sociedades. Me refiero al conocido como problema de agencia, del que deriva una actuación de los gestores siguiendo unos objetivos que no siempre tienen por qué coincidir con los de los accionistas, siendo estos últimos quienes debieran marcar las pautas a seguir por unos gerentes cuya capacidad deriva de una delegación de poder150.
Así, en la práctica, se ha observado como los gerentes de las empresas pueden asumir posiciones favorables a su propia situación, en particular maximizando sus remuneraciones, sin un efectivo control por parte de los propietarios, que pueden carecer de la información sobre cómo se está gestionando, no estar directamente interesados en controlar la gestión o no disponer de herramientas eficaces para exigir las oportunas responsabilidades.
A partir de tales premisas se ha instituido lo que podría denominarse como “clase corporativa”, representada por unos administradores y directivos que, sin ser titulares de las sociedades, pueden gestionarlas ejerciendo un poder que, en ocasiones, es prácticamente omnímodo151.
Como ya se ha apuntado, el poder de estos gestores se ha hecho recaer en las carencias en el control por parte de los accionistas, que no han sabido o podido supervisar de forma responsable la toma de decisiones, tolerando políticas de crecimiento agresivas y centradas en el corto plazo152. Ni siquiera los inversores institucionales, tradicionalmente más orientados a la consecución de objetivos en horizontes temporales prolongados, se han abstraído de esta tendencia a una valoración centrada en los resultados a corto plazo153.
De hecho, se observa como una gran parte de los accionistas se muestra apática, adoptando posiciones pasivas y prestando escasa atención al devenir de la sociedad, más allá del valor bursátil de sus títulos154. En este sentido, respecto del ejercicio de derechos por los accionistas, se han observado, salvo excepciones, tasas muy reducidas de asistencia a las juntas generales por parte de los titulares de capital flotante155, distintos de los inversores dominantes y de largo plazo156.
Partiendo de esta realidad, en la que el control ejercido por la propiedad sobre la gestión experimenta relevantes carencias, se ha venido a vincular una mayor incidencia de la crisis financiera con las entidades en las que ha existido un mayor dominio de los gestores157. Es por ello que una de las principales preocupaciones del gobierno corporativo pasa por incrementar la implicación y el poder de los accionistas, en especial de los minoritarios158. De este modo, pese a que pueda resultar complicado, habrían de mejorarse los canales de comunicación entre accionistas y directivos y debería adaptarse la información a las necesidades de los propietarios, en aras de lograr una efectiva involucración de los titulares de las entidades159.
Sin embargo, si se desea mejorar el control sobre los directivos, deberá buscarse la implicación no solo de los accionistas, sino también de otros colectivos, que igualmente puedan supervisar y monitorizar la orientación de la compañía y su asunción de riesgos. Así, podría facilitarse la intervención de inversores que suscriben instrumentos de deuda y no de capital, de los empleados o de los clientes, con vistas a disponer de perspectivas diversas a la hora de tomar decisiones estratégicas160.