Читать книгу A tientas - Mariah Meneses Washington - Страница 10
Capítulo 7
ОглавлениеCLOE Y DAVE
Lunes, 15 de junio de 2015
Apagué nerviosa el cigarro, no pensaba en que acababa de matar a Donnie, sino en si habría limpiado bien toda la sangre de mi coche y si el chico de la gasolinera habría pensado que era raro que lavase mi coche mientras llovía. Sobre todo en uno de esos típicos días grises de lluvia de verano de Nueva York.
Subí por fin al ascensor. Allí había un tío encorbatado que me miraba raro. Creo que era el de recepción de la sexta planta.
—¿A qué piso va?
—Al séptimo.
—¿Publicista?
—Creativa publicitaria.
—Le faltan horas al día, ¿verdad?
—¿Por qué lo dice?
—Acaba de abrocharse los zapatos en el ascensor.
—Sí, siempre suelo abrochármelos en la tercera planta.
Y con esa frase irónica que nadie entendió, el imbécil dejó de hacerme preguntas. Se me jodió la coartada, me había visto llegar todo el puto departamento. Solo quería ir hasta mi mesa y pensar algo rápido para la presentación de las doce, pero mis compañeros estaban ahí para impedírmelo.
—¡Cloe! ¿Necesitarás el proyector esta mañana?
—No tengo tiempo. Sí, sí, sala de conferencias número 2.
—¡Cloe! He preparado la documentación para la reunión ¿Quieres revisarla?
—¡No! Hasta las dos no estoy para nadie.
Me miraron con odio la administrativa de recursos humanos, el payaso de recepción que aún no ha salido del armario, el becario del jefe de producto y una chica que lleva cafés de un lado a otro (nadie sabe para quién trabaja ni qué coño hace en todo el día, además de sonreír a todo el que se encuentra).
Cerré la puerta en las narices de Griselda, mi secretaria, que tiene nombre de cuento infantil. «Griseldita iba a llevar a su abuelita una cestita». Una vez descalza, miré al storyboard de la pared de la izquierda. El tema central era un cuadro de Zoë Mallory Brown. Las tres últimas viñetas estaban en blanco, como mi creatividad. Intercomunicador.
—Cloe, tienes una llamada por la línea 2.
—No estoy.
—Es sobre la reunión de hoy.
—No estoy.
—Es el jefe de producto.
—Pásamelo.
—¿Cloe?
—Sí.
—¿Tienes el storyboard?
—Por supuesto. El final es…, es… digamos sorprendente.
—Bien. Hemos adelantado la reunión. Será dentro de diez minutos. Trae tu mejor sonrisa.
—¡Mierda!
—¿Perdón? ¿Cómo dices, Cloe?
—Allí estaré.
Intercomunicador.
—Cloe, tienes una llamada por la línea 3.
—Griselda, no me pases llamadas.
—Es Dave.
—Pásamelo.
—Dave, no tengo tiempo. No he acabado la presentación.
—Oye, tienes una sorpresa en casa.
—¿Dónde estás?
—Ya sabes, te lo dije esta mañana. Ahora estoy esperando a Donnie. Hemos estado en una furgoneta hippie fumando hierba y...
—¿No ibas a Central Park?
—Ha retrasado la cita, iré a las doce.
—OK, nos vemos luego, Dave, ¿vale?
—Suerte. Y recuerda lo de esta noche.
—Sí. Luego nos vemos.
Intercomunicador.
—Cloe, tienes una llamada por la línea 2.
—¡Griselda, no me pases más llamadas!
—Es tu madre.
—Pásamela.
—Cloe.
—Mamá, no tengo tiempo. ¿Qué pasa?
—Necesito saber dos cosas, nena.
—Dime.
—¿Has visto a tu padre últimamente un poco raro?
—Mamá, tengo mucha prisa.
—Necesito saber si vendréis a comer el domingo a casa.
—Sí. ¿Puedo colgar ya?
—El domingo es el cumpleaños de tu padre y…
—Ya, mamá. Sin rodeos.
—Cloe, te pones de un histérico... Eres igual que tu tía Beberly, no aguantáis el estrés. Yo, sin embargo, he tenido sangre fría toda mi vida y la hermana de…
—¡Mamá! ¡Tengo una reunión importante!
—La segunda duda es si para este verano prefieres la seda o el hilo. La primera da una sensación de suavidad, pero el hilo inspira protección. Ahora estamos con la colección de verano y he pensado que…
—¿La pregunta es seda o hilo?
—Sí.
—Yo haría una línea de seda con complementos de hilo.
—¿Cinturones o bolsos de hilo? ¡Me gusta!
—Y seda ribeteada en hilo. De nada, mamá. Nos vemos el domingo.
—Cómprale algo a papá.
—No tengo tiempo, mamá. Le cantaré una canción y le llevaré un pastel.
—Ay, Cloe, ya lo compro yo y se lo doy de tu parte. Ciao.
Intercomunicador.
—Cloe, tienes una llamada por la línea 3.
—Griselda, te agradecería ¡que no me pasaras ni una puta llamada!
—Están en tu casa. Es sobre una entrega urgente.
—Pásamela. Griselda, ¡no aguanto ni una llamada más!
—¿Señora Di Marco?
—Aún no, quiero decir, soy la señorita Di Marco, de momento.
—Tenemos una entrega urgente en la siguiente dirección, 172 Mulberry Street. ¿Correcto?
—Sí. Es mi dirección.
—Pues no hay nadie.
—Claro que no, Dave está trabajando. Espero que él esté trabajando, porque lo que estoy haciendo yo no tiene nombre.
—¿Perdón?
—Nada. Déjenselo al portero.
—El portero no está. Ha puesto un cartel diciendo que ha salido y volverá en una hora.
—¿Y pretende que yo deje mi trabajo para coger el paquete? ¿Y dónde está ese hombre que tarda una hora en llegar? Déjeselo a algún vecino. Gracias.
—No puedo. Deben firmar ustedes.
—Pues llame a Dave. Su teléfono es el…
—Lo tengo.
—¡Pues llámele, joder!
Intercomunicador.
—Cloe.
—¡Griselda! Como sea otra llamada te pienso dar una patada en el culo hasta que…
—No, no es otra llamada. Ha venido a buscarla el señor Johnson, el jefe de producto, para acompañarla a la reunión. Llevan esperándola cinco minutos.
—¡Joder! Enseguida salgo.
No se me ocurrió otra cosa que hacer que golpear la mesa con los dedos durante un minuto y salir por la puerta.
—¿Qué es eso que llevas en el cuello, Cloe?
—Es un tatuaje. Un dragón tribal.
—¿Y tus zapatos?
—No hacen falta zapatos para exponer ideas. ¿Vamos a la reunión?
—Ya me habían advertido que los creativos sois un poco raros.
—¿Le califico yo a usted?
—Los italianos tenéis una forma diferente de pensar sobre el trabajo, aquí nosotros no…
—Mis padres son italianos, yo nací en Manhattan.