Читать книгу Amado Señor - Pablo Katchadjian - Страница 16

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Amado Punto:

Cuando te hablo así te veo tan reducido y en eso reducido veo todo tan concentrado que me confundo, porque siento que no hay lugar para mí y que nada de lo que diga puede entrar ahí. Sin embargo todo entra: es el lugar en el que ya no entra nada pero a la vez entra todo sin que quede nada afuera. Porque lo que crea el espacio es la ausencia de tiempo. El tiempo es como el agua para las cosas vivas: sin agua ocuparían muy poco lugar. Las cosas sin tiempo ocupan muy poco lugar. Ningún lugar, de hecho. Por eso en el punto no hay nada, es el vacío que absorbe todo lo que se le acerca, y todo se le acerca. Pero yo sé que cuando te hablo a vos debo acercarme sin entrar en vos, porque si entro me convierto en nada, en una nada sin tiempo. Entonces tengo que estar agarrado del borde del punto sin dejar que el punto me integre. Pero también sé que tengo que estar lo suficientemente cerca como para que vos me escuches. Y entonces estoy en esa nueva tensión entre ser absorbido y no ser escuchado que es la tensión que me permite hablarte y al hablarte crearte y al crearte que me crees a mí. Acercarse demasiado es desaparecer y todavía no me pasó nunca, porque eso es la muerte. Alejarse demasiado es algo que ocurre a menudo, y cuando pasa eso sé que te pierdo y no me escuchás y no te creo y vos no me creás a mí, y entonces no existo, y ando por ahí aplastado, seco, viendo cómo la vida amenaza con unirse al destino, y entonces empiezo a buscarte para hablarte de nuevo y vuelvo a encontrarte y al encontrarte ocurre todo lo que ya te dije.

Amado Señor

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