Читать книгу Desarmadero - Eugenia Almeida - Страница 16

11

Оглавление

El Laucha pasa por la casa de su hermana para ver cómo va la cosa, para llevarle plata, para medir a ojo cuánto avanza el cáncer, para controlar si el pendejo hace buena letra, para no sentirse un paria, para hacer algo suyo en días en que todo es barro.

Se han sentado con Aurora en el patio, esas sillas plegables que compraron hace años, el mate sobre una mesita de plástico que se mueve cada vez que ella agarra el termo.

–No prende la parra.

–La que pusiste al fondo agarró enseguida.

–Pero yo quería esta, acá, para matear.

–Ya va a agarrar.

–Me da bronca.

–Estás nervioso.

–No, no. Nomás me gustaría que tengas sombra. Si querés te puedo hacer un pisito al fondo, unas baldosas, para que te sientes allá.

–Igual me puedo sentar allá ahora.

–Te llenás de tierra.

–Te hacés mala sangre por nada. Tenés que cuidarte.

–Me preocupo por vos. Por el pibe.

–Yo estoy bien. Y por ahora lo del súper funciona. Le pagan por día.

–¿Te dio plata?

–Pero no, cómo le voy a pedir plata, si nos alcanza bien con lo que vos traés.

–Tiene que aprender a colaborar, a hacerse hombre.

–Dejalo. Con que no ande en la canchita me sobra y me basta.

–Me basta y me sobra.

–Sí, eso –dice ella riéndose.

–¿Sigue funcionando bien el calefón?

–Haceme el favor de dejar de preocuparte por todo. ¿Cómo estás vos?

–Normal, nomás.

–Pasaron cosas feas.

–Sí.

–¿Tenés con quién hablar?

–Con vos estoy hablando.

–No seas tonto. ¿Hablás de esas cosas con alguien?

–Sabés que no puedo.

–Conmigo sí.

–Con vos menos que nadie. Tenés que estar tranquila, bien, con tus plantas, con tus cosas.

–Con mi hermano...

–Ya sé, ya sé. Me acompañás un montón. Pero no vamos a hablar del trabajo.

–¿Te quedás a cenar?

–¿A qué hora vuelve Frasquito?

–¡No le digás así!

–Todo el mundo le dice así.

–Vos sos el tío, tiene un nombre el chico. ¿O querés que yo te empiece a decir Laucha?

Se ríen. Cuando se acaba el mate están charlando de esas vacaciones en las que ella casi se ahoga en Mina Clavero y él se tiró al río a rescatarla y se raspó las piernas con las piedras porque el agua apenas le llegaba a la cintura.

Se están riendo cuando se oye el ruido de la puerta de calle y llega hasta el patio el olor del cigarrillo que Frasquito trae entre los labios.

Desarmadero

Подняться наверх