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ОглавлениеLa mala cara durante la cena. Las ganas de sacudir a ese pendejo que no le da paz a su hermana. Cuando ella se levanta a buscar el postre, el Laucha dice en voz baja:
–Más vale que cambiés la jeta porque te voy a meter un sopapo.
Frasquito abre la boca para contestar pero su madre acaba de entrar. Traga eso que iba a decir, acomoda la espalda, no levanta la vista del plato.
Cuando está todo lavado, cuando Aurora va al living y se sienta frente al televisor, el Laucha hace un cabeceo a su sobrino y salen al patio, van hasta el fondo, abajo de la parra. En algún momento Aurora va a ir a la cocina y desde la ventana va a ver dos brasas que flotan en la oscuridad. Va a decirse que tiene suerte de que su hermano la ayude con el chico, va a sentir un hilo de dolor, va a preguntarse cuánto le queda y qué va a ser de su hijo y de su hermano cuando ella no esté.
–Me querés decir qué mierda te pasa.
–Vos decime. ¿Por qué tu patrón me está siguiendo?
–Yo no tengo patrón, pendejo. Cuidado con lo que decís.
–Qué mierda, que viene el Nene al súper a espiarme, a preguntarme boludeces.
–Qué decís.
–Vino a preguntarme qué hago y desde cuándo trabajo en el súper y para qué. Hasta el pelotudo ese se sorprende de que tenga que trabajar.
–No hablés así. Explicame qué pasó.
–Vos explicame. ¿Por qué me están jodiendo?
–Hablame bien porque te voy a dar vuelta la cara. Hablame bien.
Frasquito respira hondo. De qué vale toda esa bronca. Tiene que calmarse, ya sabe. Para poder seguir con sus cosas tiene que ser menos bocón. Pero no puede.
–Si la nenita esa me sigue jodiendo va a haber problemas.
El golpe llega sin que lo haya visto, lo tira al suelo, tarda en entender qué pasa. La mano hundida en el barro, el cigarrillo un poco más allá, el desconcierto de tener que levantarse sin saber del todo cómo fue que cayó.
–Defendés más a esa gente que a tu familia.
–Sos un boludo. A vos te defiendo. A tu mamá. No sé de dónde saliste tan pelotudo. ¿Vos sabés con quién trabajo?
–Vos no trabajás con nadie, vos sos empleado.
–Qué pendejo de mierda. Te tendría que moler a palos. Si no fuera por tu vieja te metía un patadón que te tienen que ir a buscar a Catamarca. Levantate.
El Laucha le ofrece la mano, hace palanca, levanta el cuerpo flaco de Frasquito, hay algo en esos gestos que disuelve el tono que han tenido hasta ahora.
–Escuchame bien. Nunca vuelvas a hablar así del Nene. Nunca.
–Te importan más ellos que nosotros.
–Yo no entiendo cómo podés vivir en el barrio y ser tan pelotudo. ¿No sabés quién es Durruti?
–No dije nada de él. Del hermano estoy hablando.
–Justamente.
Los dos en el fondo del patio, a oscuras, de pie. Uno hablándole al otro. Una conversación que va cambiando de tono a medida que avanza. El Laucha, que con cada cosa que cuenta baja un poco más la voz y hace que Frasquito se incline, se acerque para escuchar.