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ОглавлениеWINTER
(1 3 de diciembre de 2006)
Winter estaba intentando estudiar. Aquel semestre no le iba bien y no lograba saber por qué. Siempre le había gustado estudiar. Le motivaba llenar su cabeza de más conocimientos; por eso sus compañeros de clase decían que era rara. Que era inteligente como un ratón de biblioteca pero inmadura como una niña que no quiere crecer.
Ojalá pudiera cambiar de instituto. Si su padre accediera, sería muy sencillo dejar atrás a la gente que la conocía de toda la vida y sabía sus puntos más débiles. Esos últimos tres meses apenas se metían con ella: les daba pena, solo un ciego no notaría la compasión brillando en sus miradas.
¡Qué ganas tenía de largarse a la universidad!
—Aún te queda —se quejó en un susurro.
Sonó el teléfono. Agradeció la distracción. Fue hasta el pasillo, donde tenían un segundo inalámbrico. Estar en la planta superior y bajar al salón a buscar el teléfono principal a veces podía resultar doloroso. Ella lo sabía bien, había caído varias veces escaleras abajo.
El corazón le latió con fuerza unos momentos. ¿Sería Hayden? No había sabido de él desde que se despidieron en aquel camino de tierra seca, a finales de verano. Lo echaba de menos.
Incluso su hermano lo extrañaba. Su comportamiento estaba cambiando, se estaba volviendo rebelde, y Winter sospechaba que tenía que ver con la ausencia de su nuevo amigo.
Aquel muchacho de ideas alocadas tenía un código de honor estricto que había hecho a Dash ver el mundo desde otra perspectiva. A ella le gustaba cómo la había tratado. Como si fuera una hermana, no un extraterrestre. Era agradable sentirse querida después de meses abrumada por la muerte de su madre.
—¿Diga? —la voz le tembló.
Nadie contestó al otro lado de la línea. Solo hubo silencio, ni siquiera oía una respiración.
—¿Hola? —insistió. Más no recibió respuesta. Quiso colgar, si bien se lo repensó y volvió a llevarse el aparato a la oreja—. ¿Hayden?
Si era él, ¿por qué no decía nada? ¡Winter llevaba tanto tiempo esperando ese momento! ¿Y Hayden no diría nada? ¿Absolutamente nada? No, imposible. Él se reiría, se metería con ella hasta hacerla sonreír. Esa había su premisa durante el verano.
—¿Hayden eres tú?
Deseó que fuera así.
Había fantaseado tantas veces con oír su voz de nuevo, su sonrisa impregnándola. Había incluso soñado que le pedía que se asomase a la esquina, donde la esperaba con los brazos abiertos.
No estaba enamorada de él, por supuesto. Pero había sido el primero en tratarla con normalidad tras el fallecimiento de su madre.
Colgaron al otro lado del hilo telefónico. El corazón se acompasó a los latidos del pitido de corte de llamada. Miró el inalámbrico como si fuera una pistola cargada. ¿De veras le habían colgado sin decir nada?
Tenía la corazonada de que era Hayden. Algo en su interior, una energía muy fuerte, le aseguraba que era él. Que se trataba de su amigo quien había llamado, pero ¿por qué se había callado? ¿Quizá se había arrepentido de telefonearla?
Con ese pensamiento en la cabeza, fue hacia su dormitorio y se tendió en la cama. Miró el techo, reviviendo los momentos vividos en el Serene. Las risas resonaron en su cabeza como una jaqueca terrible que la obligó a coger un cojín y ponerlo contra el rostro.
Que Hayden hubiera preferido no decir nada la hería en lo más profundo.
Porque significaba que la había olvidado. Que ya no era tan importante como Winter había creído durante tanto tiempo. De seguro que había regresado a su vida, esa que lo tenía insatisfecho, y había decidido que Winter Lane ya no tenía cabida en ella.