Читать книгу Las políticas sociales que vendrán - Monica Campos Carrau - Страница 10
II. Dispositivo y acontecimiento
ОглавлениеLos sucesos acontecidos entre enero de 2020 y mayo del 2021 traspasaron los cuerpos individuales y colectivos de poblaciones, generaciones y culturas. A partir de la Declaración de Pandemia por parte de la OMS, el 11 de marzo de 2011, la gente –aún sin estar infectada por el SARS-CoV-2– comenzó a vivir “cierto disciplinamiento” por la COVID-19 en sus carnes, dentro de sus casas y en su vida cotidiana; las medidas preventivas adoptadas por los Estados y la incesante transmisión de noticias por todos los medios comunicacionales existentes fueron medios de contagio indirecto (FORÉTICA, 2020; FERNÁNDEZ, et al. 2021; JENSEN, 2020). La escala planetaria no dejó cuerpo indemne, socialmente hablando; la pandemia de la COVID-19 es un acontecimiento global único por su extensión global, visibilidad generalizada y proyección temporal. Convendría distinguir la Pandemia como dispositivo (p. e., la Declaración) y la COVID-19 como agente biopolítico2.
El acontecimiento que –sometido al dispositivo, la red entre “discursos, instituciones, instalaciones, decisiones reglamentarias, leyes, medidas administrativas, enunciados científicos, proposiciones filosóficas” (FOUCAULT en GARCÍA, 2011:1)– afecta a las PS fue la revelación del resquebrajamiento de la relación seguridad ciudadana-bienestar social y de las simbiosis neoliberales entre el Estado y la Sociedad, que emergió cuando los Estados emplearon la fuerza legal y legítima para enfrentar eficazmente los corolarios del dispositivo (sanitarios, sociales y políticos) como el confinamiento, la contención de la producción, el freno a la procrastinación digital en que estaban sumidos y la prolongación de la endeblez del Estado social o lo que queda de él y sus PS (DI CESARE, 2021; DE SOUSA, 2021; DÁVILA y MATURANA, 2021, LATOUR, 2021).
Las PS de educación, vivienda, laborales, infancia, vejez y, obviamente, sanitarias (públicas, privadas y mixtas) fueron desplazadas por temas de distancia social, expedientes temporales de regulación de empleo, compras a domicilio, teletrabajos y uso de mascarillas entre otras, que comenzaron a ser calificadas de políticas sociales, y se les adosaron conceptos de brecha digital, doble exclusión social, etc. (JENSEN, 2020). Cuándo comenzaron los brotes de protesta social, discriminación y odio la preocupación dominante giró hacia la necesidad de controlar la conflictividad social para garantizar la seguridad social y la prevención del contagio. La gente era convocada a la calle con facilidad fuese para participar en un botellón, apoyar una solicitud de ayuda o asistir a una protesta callejera. Las acciones callejeras fueron contrarrestadas por la policía que tendía a ser invisible (solo en algunos países).
El control de la conflictividad es una prioridad política que se financia como cuestión social, se presenta como oferta de seguridad ciudadana y se realiza como coerción extraeconómica. Lejos está de optar a incidir en la superación de la desigualdad y la promoción de la justicia social. Parece ser que la conflictividad es materia de negociación política, social y mercantil, augura un nuevo tipo de complejidad que sobrepasará todo lo que las personas, los movimientos sociales, los estados y los países han experimentado hasta ahora. La exclusión social no está fuera de nuestras fronteras sociales y económicas, se encuentra en el seno del sistema capitalista que todo lo absorbe. Si eso es así, las noticias de las protestas durante la pandemia fueron absorbidas por el sistema aún situándolas contra él lo beneficiaban. Entre más molesta la población más llamada realiza, más movimientos financieros acomete, más influencers vota, más reparaciones demanda, más contratos ofrece; en fin, genera más labores que ayudan a mover las economías en su total dimensión. Laissez faire et laissez passer, le monde va de lui même. (BERMEJO, 2021; CHIBER, 2021).