Читать книгу Las políticas sociales que vendrán - Monica Campos Carrau - Страница 12
IV. Institucionalidad
ОглавлениеTambién lo es la lucha contra la invisibilidad de los problemas sociales. La Saga Divergente de VERÓNICA ROTH ocurre en un Chicago post-utópico organizado en facciones sociales, de las cuales, abnegación es la que se encarga de los pobres y excluidos y de hacer obras de misericordia. Esta facción es presentada como la encargada del gobierno por ocuparse de las necesidades que tienen todos y de cómo viven; y su valor es el altruismo. Quienes gobiernan ese Chicago son los altruistas; Cordialidad, erudición, osadía y verdad son las otras facciones; hay otra, los abandonados, que no se cuenta como facción, aunque están organizados como tal. Los abandonados son los excluidos, rechazados e invisibles y no representan ningún otro valor. Dependen de la ayuda que les brindan los de abnegación. ROTH los describe como individuos que no son bienvenidos en ninguna de las cinco facciones, por distintas razones derivadas de la discriminación y el rechazo. Son personas sin hogar que tienen que sufrir y trabajar en los peores puestos (porteros, obreros, conductores, etc.). Están organizados internamente tanto social como militarmente y tienen sus propias formas de vida residen cerca del sector de Abnegación y siempre están vagando por toda Chicago. “Su personalidad es tosca”, “frustrada” y “resentida” con las demás facciones por los rechazos a que ha sometido sus miembros. Visten ropas sucias y son descritos como desagradables pueden estar portando armas3.
ROTH, presenta una idea de la pobreza, la marginalidad y la exclusión que es muy cercana a lo que ciertos sectores de la sociedad piensan hoy en día. Los excluidos, pese a ser mayoría, no cuentan; pese a ser objeto del altruismo y la misericordia es cuestión de trámite.
El objetivo de las PS es contribuir a la construcción de la sociedad y crear instituciones que se proyecten en el tiempo, parece una verdad de Perogrullo. Sin embargo, crear instituciones no es solo inventar y dar vida a entidades gubernamentales, sino que es un amplio proceso de habituación de relaciones sociales. LECHNER dijo que la política era cuestión de transformar los anhelos en relaciones sociales, de tal modo que una vez la política cumpliese su cometido, las PS tienen que operar para habituar a la gente a sus propósitos sociales. Esto es todo un propósito cultural. Pero si la PS tiene que habituar ¿Qué sentido tiene entonces la PS? En primer lugar, que permite entender la institucionalización como un largo proceso de transformación de anhelos y necesidades sociales en relaciones sociales que solo es posible mediante acciones políticas y requiere de un dispositivo estructurante para hacerlo y lograrlo. En segundo lugar, habiendo producido la política, es decir habiendo logrado generar relaciones sociales, se trata de habituar a la población y a las instituciones a ellas, por lo que toda PS adquiere un tono programático. Habituar, es una noción temporal que vincula costumbres y tradiciones que tienen que surgir de las mismas PS; no se trata de vincularla a costumbres de las poblaciones al modo que lo pensarían los antropólogos, sino de producirlas, producir costumbres y tradiciones. ¿Pero es posible habituar sin sostenimiento? No, porque la intención de los hábitos es reproducir acciones y solo es posible reproducirlas si uno se encuentra ante ciertas condiciones. (LECHNER, 1988; LAZZARATO, 2006).
Habituación, futuro y sostenibilidad es una triada pertinente a la institucionalidad que se debe reflejar en la puesta en marcha de una política. La habituación es un proceso de apropiación de las PS que consiste en reproducir comportamientos ya aprendidos, no en generarlos (CEPAL, 2021; DE SOUSA, 2021; TELEFÓNICA, 2021) . Una PS tiene que ser conocida ampliamente, no solo por usuarios, sino por creadores y financiadores, en general por la comunidad. Es decir, para que haya institución los procesos de habituación deben estar abiertos a las comunidades o al sector que se trate. Las instituciones no pueden ser abstractas, deben ser concretas y proceder de los sujetos que las promueven. Es correspondencia entre institución y sujeto, es la misma entre necesidad y solución, y procede atender un núcleo duro de identidad. La formación de la institución es un proceso en el tiempo, es diacrónico y tiene historia.
Poco a poco se van vinculando los eventos culturales más significativos: los hábitos, las costumbres son históricos, y por consecuencia, también la sostenibilidad de la política. “La diversidad es riqueza” y “unidad en la diversidad” fueron consignas estructuradoras de consensos importantes en las postrimerías del s. XX. Formaron parte de una época en que las PS no tenían mayores referencias de la diversidad cultural, menos de la diversidad a secas, a pesar de que ya se hablaba de la proliferación de los márgenes (GUATTARI, 2004)) o de la diferenciación estructural-progresiva, más allá de las preocupaciones nacionales y lingüísticas que dominan hasta la fecha multiculturalismos, indigenismos, interculturalismos y antirrelativismos, ajenos a quienes trabajan los procesos de diferenciación de la diversidad y la superdiversidad (ZAMBRANO, 2006; SCHOLTEN, et al. 2019) Los canadienses y americanos trabajaron estás visiones inéditas a finales de la década del noventa del siglo pasado y las consolidaron en PS cuya particularidad era tener que reforzar los proyectos nacionales de sus propios países incorporando a las generaciones de emigrantes que estaban contribuyendo a su desarrollo. Entonces nada era más evidente que una política de reconocimiento para avanzar en la justicia social, pero hoy cualquier grupo estructural o emergente, requiere una política y unos recursos que puedan llevarla a cada ciudadano, a cada persona a cada individuo. Es pues indudable el hecho de que cada política social da a sus colectividades unas características propias, y que cada persona da a su ciudadanía sus propias particularidades individuales.
De una radical diferenciación éticopolitica, propuesta por la comunidad que viene (AGAMBEN, 2006). El ser que viene es el ser cual sea. Las intenciones de lo políticamente correcto, del respeto a la diferencia es que el ser que haga lo que haga se respeta no importa cuál sea ni quién sea, es indiferente y la indiferencia termina en algo que pudiendo tener o tendiendo importancia no la tenga o la pierda. En cambio, lo que sugiere Agamben es que “el ser tal que, sea cual sea, importa”. Es un principio de los principios que todos tenemos, que aprecia la singularidad, que es sin tapujos el principio liberal en toda regla que de aplicarse podría llevar a un cambio cualitativo.
Quienes vienen digitalizando el mundo tienen una idea de lo humano-digital y de las PS con las que se afrontarán las secuelas de la progresiva instauración de la sociedad digital y del control del ciberespacio; puede ser que la promoción de derechos humanos se integre en sofisticados algoritmos, pero también puede ser que las políticas sociales que vengan sean interpeladas y avocadas a fraguarse en sinergias más altruistas, como las que fueron expuestas por quienes desde comienzos del siglo pasado trabajaron directa e indirectamente en ese derrotero. Todo ese universo se viene institucionalizando desde antes de la pandemia, por eso hay quienes piensan que la pandemia ha sido un revulsivo para acabar con la procrastinación digital (incrementar el uso de los recursos digitales durante los confinamientos y las restricciones fue posible gracias a que las tecnologías ya existían pero no se usaban con el máximo de rendimiento y se seguirá resistiendo a ello), por eso vale citar algunas obras del s. pasado que sirven de recordatorio y toma de conciencia de las estocásticas implacables de la informática y los procesos de comunicación. GUATTARI (2004) en sus revoluciones moleculares y ecológicas presenta Plan o IBÁÑEZ que en 1985 lo escribió muy claro, algoritmo o sujeto, ideas que no estaban situando el cambio y la transformación en códigos de peligro social y de contagios impuros, que quizás debería conocer la política social que telefónica, por ejemplo, propone en su gran pacto por la digitalización más humana.