Читать книгу Los mitos griegos - Robert Graves - Страница 47

Оглавление

41. Orion

a. Orion, un cazador de Hiña, en Beocia, y el hombre más bello de todos los mortales, era hijo de Posidón y Euríale. Llegando un día a Hiria, en Quíos, se enamoró de Mérope, hija de Enopión y nieta de Dioniso. Enopión había prometido a Mérope en matrimonio con Orion si conseguía liberar a la isla de las peligrosas bestias salvajes que la infestaban, a lo cual él se dedicó con empeño llevando todas las noches a Mérope las pieles de los animales que había matado. Pero cuando al final acabó de cumplir su tarea, y la reclamó como esposa, Enopión sacó a relucir que había rumores de leones, osos y lobos rondando aún por las colinas y se negó a entregarle a su hija debido a que en realidad él mismo estaba enamorado de ella.

b. Estando disgustado una noche, Orion se bebió un pellejo de vino de Enopión, y tanto le excitó que irrumpió en el dormitorio de Mérope y la forzó a yacer con él. Al salir el alba Enopión invocó a su padre Dioniso, quien envió a sus Sátiros para que animaran a Orion a beber más vino hasta que finalmente cayó dormido. En ese momento Enopión le sacó los dos ojos y lo abandonó en la orilla del mar. Un oráculo anunció que el ciego recuperaría la vista si viajaba hacia el este y volvía las cuencas vacías de sus ojos hacia Helio en el punto exacto en que asoma por la mañana en el océano. Orion empezó a remar inmediatamente en una pequeña barca y, siguiendo el sonido del martillo de un cíclope, llegó a Lemnos. Allí entró en la fragua de Hefesto, agarró a un aprendiz llamado Cedalión y lo llevó sobre sus hombros como guía. Cedalión condujo a Orion por tierra y mar hasta que finalmente llegaron al lugar más remoto del océano, donde Eos se enamoró de él y su hermano Helio le devolvió la vista.

c. Después de visitar Délos en compañía de Eos, Orion regresó para vengarse de Enopión, al cual, no obstante, no pudo encontrar en ningún lugar de Quíos porque se estaba escondiendo en una cámara subterránea que le había construido Hefesto. Puso rumbo a Creta pensando que Enopión podía haber huido allí buscando la protección de su abuelo Minos, pero se encontró con Ártemis, que compartía con él su pasión por la caza, y enseguida le convenció para que se olvidara de la venganza y saliera a cazar con ella.1

d. Para entonces Apolo ya se había enterado de que Orion no sólo no había rechazado la invitación de Eos a su lecho en la isla santa de Délos —la Aurora aún se ruboriza cada día al recordar esta indiscreción—, sino que además se jactaba de que iba a liberar toda la tierra de animales salvajes y monstruos. Así pues, temiendo que su hermana Ártemis pudiera resultar tan voluble como Eos, Apolo se dirigió a la Madre Tierra y, cotilleándole la vanidad de Orion, consiguió que un monstruoso escorpión lo persiguiera. Orion atacó al escorpión primero con flechas, luego con su espada, pero, al darse cuenta de que su coraza resistía cualquier arma de los mortales, se tiró al mar y nadó en dirección a Délos, donde esperaba que Eos le protegiese. Entonces Apolo llamó a Ártemis: «¿Ves esa cosa negra que se ve ahí en el mar, a lo lejos, cerca de Ortigia? Es la cabeza de un villano llamado Candaón, que acaba de seducir a Opis, una de tus sacerdotisas hiperbóreas. ¡Te desafío a que lo atravieses con una de tus flechas!». Candaón era el apodo beocio de Orion, pero Ártemis no lo sabía. Apuntó certeramente, disparó, y, cuando salió nadando para recoger su presa, descubrió que había atravesado a Orion por la cabeza. Con gran dolor imploró a Asclepio, hijo de Apolo, que lo reviviera, y él accedió, pero fue destruido por el rayo de Zeus antes de que pudiera completar su tarea. Entonces Ártemis colocó la imagen de Orion entre las estrellas, eternamente perseguido por Escorpión. Su alma había descendido ya a los Campos de Asfódelos.

e. Sin embargo, algunos dicen que Orion murió por la picadura del escorpión, y que Ártemis estaba resentida con él por haber requerido amorosamente a sus compañeras vírgenes, las siete Pléyades, hijas de Atlante y Pléyone, que habían salido huyendo por las praderas de Beocia hasta que los dioses, habiéndolas transformado en palomas, pusieron sus imágenes entre las estrellas. Pero éste es un relato equivocado, ya que las Pléyades no eran vírgenes: tres de ellas habían tenido relaciones con Zeus, dos con Posidón, una con Ares y la séptima se había casado con Sísifo de Corinto, razón por la cual no había sido incluida en la constelación, por ser Sísifo un simple mortal.2

f. Otros cuentan una extraña versión del nacimiento de Orion para justificar su nombre (que a veces se escribe Urión) y la tradición de que era hijo de la Madre Tierra. Hirieo, un humilde apicultor y labrador, había jurado no tener hijos, y se volvió viejo e impotente. Cuando un día Zeus y Hermes lo visitaron disfrazados, los recibió con hospitalidad, y ellos le preguntaron cuál sería la dádiva que más podría desear. Hirieo suspiró profundamente y contestó que lo que más deseaba era ya imposible: tener un hijo. Sin embargo, los dioses le aconsejaron que sacrificara un toro, orinara en su piel y luego lo enterrase en la tumba de su esposa. Así lo hizo y a los nueve meses le nació un hijo, a quien puso el nombre de Urión —«el que orina»—, y lo cierto es que tanto la salida como la puesta de Orion traen consigo la lluvia.3

1. La historia de Orion se compone de tres o cuatro mitos inconexos entremezclados. El primero, transmitido de manera confusa, es el de Enopión. Se refiere a la reticencia del rey sagrado a ceder su trono al acabar su reinado, aun cuando el nuevo candidato a la realeza ya haya pasado por sus combates rituales y se haya casado con la reina en el acostumbrado festejo. Pero el nuevo rey es sólo un interrex que, después de reinar por un día, es debidamente asesinado y devorado por las Ménades (véase 30.1), mientras el viejo rey, que ha fingido estar muerto en una tumba, vuelve a celebrar nupcias con la reina y continúa reinando (véase 123.4).

2. El irrelevante detalle del martillo del cíclope explica la ceguera de Orion: aparentemente se ha combinado una imagen mitológica de Odiseo chamuscando el ojo del cíclope borracho (véase I70.d) con una alegoría helénica del titán Sol, que cada noche es cegado por sus enemigos pero recupera la vista al día siguiente gracias a la Aurora. En realidad aquí quedan identificados Orion («el habitante de las montañas») e Hiperión («el que mora en las alturas»). La jactancia de Orion de que iba a exterminar a los animales salvajes no sólo se refiere a sus combates rituales (véase 123.i), sino que es también una fábula del Sol naciente, ante cuya presencia todas las bestias salvajes se retiran a sus guaridas (compárese con Salmos civ.22).

3. El relato de Plutarco sobre el escorpión que es enviado por el dios Set para matar al Niño Horus, hijo de Isis y Osiris, en el momento más caluroso del verano explica la muerte de Orion a consecuencia de la mordedura de un escorpión y la súplica de Ártemis a Asclepio (Plutarco: Sobre Isis y Osiris 19). Horus murió, pero Ra, el dios Sol, lo revivió y así pudo después vengar la muerte de su padre Osiris. En el mito original seguramente Orion también volvía a vivir. En parte, Orion también es Gilgamesh, el Heracles babilónico, a quien hombres escorpiones atacan en la Décima Tablilla de la epopeya del calendario, un mito que se refería a que el rey sagrado era herido cuando el sol salía en Escorpión. La estación exacta en que tenía lugar esta herida depende de la antigüedad del mito. Cuando se originó el horóscopo, Escorpión era probablemente un signo del mes de agosto, pero en la época clásica la precesión de los equinoccios lo había adelantado a octubre.

4. Otra versión de la muerte de Orion se encuentra registrada en una de las tablillas hititas de Ras Shamra. Anat, o Anatha, la diosa de la Batalla, se enamoró de un apuesto cazador llamado Aqhat, y cuando él la ofendió negándose a regalarle su arco, ella pidió al asesino Yatpan que se lo robara. Pero para gran dolor de ella, el torpe Yatpan no sólo mató a Aqhat, sino que además el arco se le cayó al mar. El significado astronómico de este mito es que Orion y el Arco —una parte de la constelación que los griegos llamaban «El Perro»— se hunden bajo el horizonte meridional durante dos meses enteros cada primavera. En Grecia parece que esta historia ha sido adaptada a una leyenda sobre cómo las sacerdotisas orgiásticas de Artemis —siendo Opis un título de la misma Ártemis— mataron a un amoroso visitante que llegó a su islote de Ortigia. Y en Egipto, dado que el regreso de la constelación de Orion marca la llegada del calor estival, se la identificó confusamente con Set, enemigo de Horus, que son las dos estrellas brillantes que están situadas por encima de él y que parecen sus orejas de asno.

5. El mito del nacimiento de Orion es quizás algo más que un cuento cómico, modelado de acuerdo con el de Filemón y Baucis (Ovidio: Metamorfosis viii.670-724), relatado para dar una explicación a la primera sílaba de su antiguo nombre, Urión —como si se derivara de ourein, «orinar», no de ouros, la palabra homérica para oros, «montaña». Sin embargo, es posible que los griegos conocieran un primitivo encantamiento africano para atraer la lluvia que consiste en orinar en la piel de un toro; y que Orion fuera un hijo de Posidón, el dios acuático, es una clara alusión a sus poderes para hacer llover.

6. La palabra Pléyades, de la raíz plei, «navegar», se refiere a su aparición en el cielo en la estación en que se aproxima el buen tiempo para navegar. Pero la forma pindárica Peleiades, «bandada de palomas», era quizás la forma original, ya que las Hiades son cochinillos. Parece que una séptima estrella del grupo se extinguió hacia finales del segundo milenio a.C. (véase 67./), e Higinio (Fábula 192) cuenta que Electra desapareció por el dolor que le causó la destrucción de la Casa de Dárdano. La inútil persecución de Orion a las Pléyades, que se produce en la constelación de Tauro, se refiere a su aparición en lo alto del horizonte justo antes de la reaparición de Orion.

Los mitos griegos

Подняться наверх