Читать книгу Los mitos griegos - Robert Graves - Страница 54
Оглавление48. Bóreas
a. Oritía, hija de Erecteo, rey de Atenas, y de su esposa Praxítea, estaba un día dando vueltas mientras bailaba a orillas del río Ilisos cuando Bóreas, hijo de Astreo y Eos y hermano de los vientos del Sur y del Oeste, la levantó hacia una roca del río Ergines y allí, envuelto en un manto de nubes oscuras, la violó.1
b. Bóreas amaba desde hacía mucho tiempo a Oritía y había pedido su mano repetidas veces, pero Erecteo le rechazaba con vanas promesas hasta que al final, quejándose de que le había hecho gastar demasiado tiempo con sus palabras, recurrió a su violencia natural. Algunos dicen, sin embargo, que Oritía iba llevando un cesto en la procesión anual de las Tesmoforias, que asciende por la ladera de la Acrópolis hasta el templo de Atenea Polias, cuando Bóreas la tomó bajo sus alas rojizas y la arrebató sin ser vista por la multitud que la rodeaba.
c. Se la llevó a la ciudad de los cicones tracios, donde se convirtió en su esposa, y le dio dos hijos, Caláis y Zetes, a los que les salieron alas cuando alcanzaron la virilidad. También le dio dos hijas, a saber, Quíone, que parió a Eumolpo de Posidón, y Cleopatra, que se casó con el rey Fineo, víctima de las Harpías.2
d. Bóreas tiene colas de serpientes en vez de pies, y habita en una cueva del monte Hemo, en los siete recovecos donde Ares guarda a sus caballos. Pero también considera su hogar la orilla del río Estrimón 3.
e. En una ocasión, disfrazándose de semental con melena negra, cubrió a doce de las tres mil yeguas que pertenecían a Erictonio, hijo de Dárdano, que solían pacer en las húmedas praderas que hay junto al río Escamandro. De esa unión nacieron doce potrancas que podían galopar sobre las espigas de trigo maduras sin romperlas, o sobre la cresta de las olas.4
f Los atenienses consideran a Bóreas como su cuñado. Una vez lo invocaron exitosamente para que destruyera la flota del rey Jerjes, y en consecuencia le construyeron un magnífico templo en las orillas del río Ilisos.5
1. El Bóreas de colas de serpiente, el Viento del Norte, era otro nombre para el demiurgo Ofión que bailó con Eurínome, u Oritía, Diosa de la Creación (véase 1.a), y la dejó encinta. Pero lo que Ofión era para Eurínome, o Bóreas para Oritía, así lo fue Erecteo para la Atenea original. Y Atenea Polias («de la ciudad»), para la que bailaba Oritía, puede haber sido Atenea Polias —Atenea la Potranca, diosa del culto local del caballo, amada de Bóreas-Erecteo, que se convirtió así en cuñado de los atenienses. El culto de Bóreas parece haberse originado en Libia. Debe recordarse que Hermes, enamorándose de la predecesora de Oritía, Herse, cuando ésta llevaba un cesto sagrado en una procesión parecida a la de la Acrópolis, la había violado sin incurrir en la ira de Atenea. Las Tesmoforias parecen haber sido en un tiempo un festival orgiástico en que las sacerdotisas se prostituían públicamente como un medio de fertilizar los campos de cereal (véase 24.1). Los cestos contenían objetos fálicos (véase 25.4).
2. Una teoría primitiva por la que los niños eran reencarnaciones de sus antepasados muertos que entraban en el vientre de las mujeres como súbitas ráfagas de aire subsistía en el culto erótico de la diosa Yegua. Y la autoridad de Homero tenía el suficiente peso como para hacer creer a los romanos cultos, incluido Plinio, que las yeguas españolas podían preñarse simplemente exponiendo al viento sus cuartos traseros (Plinio: Historia Natural iv.35 y viii.67). Varrón y Columela mencionan el mismo fenómeno, y Lactancio, a finales del siglo m de nuestra era, hace una analogía con la fecundación de la Virgen María por el Espíritu Santo.
3. Bóreas sopla en invierno desde la cordillera del Hemo y el Estrimón, y cuando llega la primavera, con sus flores parece haber fecundado toda la tierra del Ática. Pero, como sólo puede soplar hacia adelante, el mito de la violación de Oritía parece recoger también la difusión del culto del Viento del Norte desde Atenas hasta Tracia. Desde aquí, o directamente de Atenas, llegó a Tróade, donde el propietario de tres mil yeguas era Erictonio, sinónimo de Erecteo (véase 158.g). Las doce potrancas sirvieron seguramente para tirar de tres carros de cuatro caballos, uno por cada tríada anual: primavera, verano y otoño. El monte Hemo era una guarida del monstruo Tifón (véase 36.e).
4. Sócrates, que no comprendía los mitos, no capta el sentido de la violación de Oritía. Él sugiere que una princesa con ese nombre estaba jugando en los acantilados cerca del Ilisos o en la colina de Ares y accidentalmente fue abatida por el viento y murió (Platón: Fedro vi.229.b). El culto de Bóreas había sido reavivado recientemente en Atenas para conmemorar su destrucción de la flota persa (Herodoto: vii.189). También ayudó a los megalopolitanos contra los espartanos, ganando con ello que se le ofrecieran sacrificios anuales (Pausanias: viii.36.3).