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Otras facultades de la lengua

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No basta el conocimiento de su constitución anatómica y de parte de sus funciones para abarcar todos sus posibles cometidos. Gracias a ella podemos comunicarnos mediante el lenguaje hablado. Por otra parte, la lengua también actúa de portavoz del corazón, al que simbólicamente atribuimos la sede de los sentimientos, el pensamiento y la voluntad. Este órgano ágil y de pequeño tamaño interviene tanto en transmitir buenas palabras como en lanzar maldiciones.

La misma Biblia nos dice que es más fácil dominar caballos y barcos que mantener sujeta nuestra propia lengua. Aun siendo un minúsculo miembro puede desatar un fuego devastador, como un incendio en un bosque.

Su eficacia se hace dolorosa cuando da vía libre a la maledicencia y llega a calumniar a amigos y a conocidos. También la envidia y el odio pueden servirse injustamente de este pequeño y manejable instrumento del alma para lanzar dardos envenenados contra el prójimo que triunfa. Por su parte, la lengua de la seducción actúa sutil como una anguila y no le es fácil a la víctima elegida escapar de su mágica influencia. Hay lenguas que no saben distinguir entre el sí y el no, lo que las induce a la contradicción y a la mentira, arruinando vidas ajenas. Más de un desengañado pone la amarga bilis de su corazón al servicio de la lengua, contagiando e intoxicando a otras personas. ¡Con qué maldad utilizan algunos trastornados psíquicos este pequeño e insignificante órgano! Proyectan su desastroso estado interior por medio de la lengua, lo que a las personas sanas les es difícil de soportar.

Puede afectarnos en gran medida que una lengua ajena nos juzgue duramente sin tomar en consideración los auténticos motivos de nuestra conducta; más de una persona ha acabado en la desesperación por culpa de unas palabras descalificadoras.

El pequeño doctor

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