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Del uso benéfico de la lengua

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¿Se le dio realmente a la lengua el poder del habla para que causase desventura? Evidentemente no, por eso el apóstol exhortó a sus compañeros a ponderar o considerar todo aquello que fuera amable y agradable al oído, ya que lo contrario solo produce amargura y disgusto. Para que nuestro pequeño órgano dotado de la facultad de expresión tenga efectos benéficos deberían fluir de nuestros labios palabras amorosas, cálidas, buenos consejos, amonestaciones bienintencionadas y palabras de consuelo y de aliento. Esto solo es posible si el corazón tiene la justa disposición y su deseo es ser amigo de los amigos, tender la mano de auxilio al necesitado y vencer la hostilidad con la bondad. Solo entonces podrá la lengua expresar ternura y bondad.

¿Qué hace que la primavera nos parezca tan bella? ¿Acaso no es encantador el trinar de los pájaros? Minúsculas gargantas lanzan al aire cantos de agradecimiento llenos de entusiasmo y de entrega. También nosotros estamos dotados de la maravillosa facultad del canto y, como los pájaros, podemos expresar en armónica melodía la exaltación de nuestra sensibilidad.

La lengua debe aprender aún algo más, algo que en los momentos difíciles debe ser capaz de hacer: debe callar cuando la fidelidad al amigo y al hermano depende de nuestro silencio. También debe permanecer en silencio cuando se trate de dar al traste con las aniquiladoras intenciones del enemigo y hacer tambalear el poder de los malvados. Hasta un necio puede pasar por un sabio si sabe callar, como señalan los proverbios de Salomón. El mismo refrán ya nos indica que hablar es plata, callar es oro. Lo cierto es que a muchas personas les cuesta más callar que hablar.

Sorprende que un órgano tan pequeño como la lengua pueda desempeñar tantas facultades distintas; nos permite valorar las comidas y bebidas que tomamos y nos puede advertir o preservar de algunos goces que pueden ser perjudiciales para la salud. La sensibilidad de la lengua puede facilitarnos el disponer de una sana capacidad de discernimiento si no acostumbramos nuestro paladar a placeres no naturales y no lo forzamos a admitir como bueno lo que es malo para la salud. Lo mismo sucede con otra capacidad de la que está dotado este pequeño órgano, a saber, la expresión de los sentimientos. Como instrumento de nuestro cuerpo, la lengua puede ser en extremo provechosa, pero también abyecta en grado sumo. El buen o mal uso de la lengua como portavoz del corazón va a depender de la disposición de este. De ahí las sabias palabras de Salomón al recomendarnos proteger el corazón más que cualquier otra cosa porque de él sale la vida y por la boca se habla de lo que abunda en el corazón.

El pequeño doctor

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