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Infecciones purulentas de ojos y boca

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Podemos librarnos, en poco tiempo, de las supuraciones infecciosas oculares y bucales mediante procedimientos naturales, como se indica más adelante. Una madre de familia nos escribió al respecto:

«Nuestro pequeño ya se encuentra mejor. La supuración de los ojos y la boca cesó a los cinco días de aplicar el tratamiento. El pequeño, que había tenido un aspecto deplorable, se encuentra ahora dando saltos por la calle. Nuestro tratamiento fue: antes de las comidas, vara de oro (Solidago), junto con un preparado de aceite de hígado de bacalao y un preparado de calcio y ortiga fácil de asimilar. Después de comer, le dábamos Hepar sulfuris D4 y Lachesis D12. Dos veces al día le lavábamos los ojos con extracto de tintura de semillas de castaño de Indias diluido y le aplicábamos en la nuca cataplasmas de cebolla, también dos veces al día. Pronto notamos su efecto derivativo. Los labios resecos del niño los untamos con aceite de hipérico y los espolvoreamos con un polvo de calcio y ortiga. Durante el día le hacíamos beber zumos de fruta y tisanas de cola de caballo. Le pusimos varias cataplasmas de arcilla blanca sobre los ojos; las preparamos con una tisana de cola de caballo y le añadimos unas cuantas gotas de aceite de hipérico. Estamos muy agradecidos y contentos de que haya desaparecido de forma tan favorable esa peligrosa infección. Al niño le seguimos dando vara de oro, junto con el preparado de aceite de hígado de bacalao y el calcio de fácil asimilación».

Normalmente, estas enfermedades son fáciles de curar si apoyamos correctamente al organismo, ya que la naturaleza cura si la apoyamos adecuadamente. Es preferible no adoptar ninguna medida interventora que llevar a cabo una intervención incorrecta. Normalmente, se pretende suprimir los síntomas y se intenta actuar contra los agentes patógenos, pero lo que muchas veces ocurre es que se compromete la capacidad de resistencia y de defensa del organismo. Es la misma locura que se comete al tratar de combatir los parásitos o las infecciones de las plantas con potentes venenos que alteran, al mismo tiempo, sus defensas naturales, lo que induce a tener que utilizar sustancias cada vez más tóxicas que acaban por debilitar o, incluso, aniquilar los fundamentos en los que se sustenta el poder curativo de la naturaleza. Ojalá volviera a prevalecer entre la población la conciencia de que no es el ser humano quien cura realmente, sino que es la naturaleza quien lo hace. Lo único que podemos hacer los seres humanos, con nuestros propios medios, es ayudar a la naturaleza a que pueda ejercer su prodigioso poder curativo.

El pequeño doctor

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