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(c) Violaciones del código de conducta para discusiones críticas

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Cuando se trata de detectar falacias, el análisis pragma-dialéctico procede siguiendo una serie de pasos. Un enunciado debe primero interpretarse como un tipo particular de acto verbal realizado en un contexto de discurso cuyo fin es resolver una diferencia de opinión. Entonces debe determinarse si la realización de este acto verbal está de acuerdo con las reglas de la discusión crítica. Si el acto verbal resulta ser una violación de cualquier de las normas pertenecen a tal o cual estapa particular del proceso resolutorio, entonces el tipo de violación se tipificará determinando cuál es el criterio específico de satsifacción de la norma es el que no se ha cumplido.

La regla de libertad (primer mandamiento) puede violarse —en la etapa de confrontación— de varias maneras, tanto por parte del protagonista como por parte del antagonista. Una de las partes puede imponer ciertas restricciones con respecto a los puntos de vista que pueden proponerse o cuestionarse; una de las partes puede negar que el oponente tenga derecho a proponer o a criticar un cierto punto de vista. Una violación del primer tipo significa que ciertos puntos de vista se declaran sacrosantos o factualmente excluidos de la discusión. Una violación del segundo tipo se dirige al oponente de manera personal y tienen por fin eliminar al oponente como un contrincante serio en una discusión. Esto puede hacerse presionando al oponente, amenazándolo con sanciones (argumentum ad baculum) o jugando con sus sentimientos de compasión (argumentum ad misericordiam), pero también desacreditando su carácter de experto, su imparcialidad, integridad o credibilidad (argumentum ad hominem).

La regla que obliga a defender el punto de vista presentado (segundo mandamiento) puede violarse —en la etapa de apertura— por parte del protagonista si este evade o desplaza la carga de la prueba. En el primer caso, el protagonista intenta crear la impresión de que no tiene sentido cuestionar el punto de vista ni es necesario defenderlo, lo cual hace presentando ese punto de vista como evidente de suyo, dando una garantía personal de su corrección (variante del argumentum ad verecundiam) o bien inmunizándolo contra la crítica. En el segundo caso, el protagonista desafía al oponente a que pruebe que el punto de vista del protagonista es incorrecto (variante del argumentum ad ignorantiam) o que el punto de vista opuesto es correcto.

La regla de puntos de vista (tercer mandamiento) puede violarse —en todas las etapas— por parte del protagonista o del antagonista. En una discusión con diferencia mixta de opinión49 cada una de las partes puede cometer la violación sea imputando a la otra parte un punto de vista ficticio o bien distorsionando el punto de vista de la otra parte (falacia del espantapájaros o del “hombre de paja”). El primer efecto se logra sea presentando el propio punto de vista como lo contrario de lo que efectivamente es o bien creando un oponente imaginario; el segundo sacando de contexto lo que dice la otra parte sea mediante una simplificación excesiva (ignorando matices y restricciones) o bien mediante la exageración (absolutizando o generalizando).

La regla de relevancia (cuarto mandamiento) puede violarse —en el estado de la argumentación— por parte del protaginista de dos maneras: (1) proponiendo argumentaciones que no se refieren al punto de vista presentado en la etapa de confrontación (argumentación irrelevante o ignoratio elenchi); (2) defendiendo un punto de vista mediante el uso de medios de persuasión no argumentativos. Ejemplos de ello son la manipulación de las emociones del auditorio (variante del argumentum ad populum) y la exhibición de las propias cualidades (variante del argumentum ad verecundiam). Si se explotan las emociones positivas o negativas (tales como el prejuicio), entonces el páthos substituye al lógos. Por esta razón, a tales violaciones de la regla de relevancia se las llama a veces falacias patéticas. Si los protagonistas intentan que sus puntos de vista sean aceptados por el oponente por la autoridad que les concede el auditorio en vista de su carácter de expertos, su credibilidad, su integridad o alguna otra cualidad, entonces el éthos substituye al lógos. Por esta razón, a tales violaciones de la regla de relavancia se las llama a veces falacias éticas.

La regla de premisas inexpresas (quinto mandamiento) puede violarse —en la etapa de argumentación— por parte del protagonista negando una premisa inexpresa y por parte del antagonista distorsionando una premisa inexpresa. Cuando niega una premisa inexpresa (“Yo nunca dije eso”), el protagonista lo que hace es tratar de evadir la responsabilidad asumida en la argumentación negando estar comprometido con una premisa inexpresa que se ha reconstruido correctamente como tal. Los antagonistas son culpables de la falacia de distorsionar una premisa inexpresa si han producido una reconstrucción de la premisa inexpresa del protagonista que va más allá del “óptimo pragmático” con el que podemos considerar realmente comprometido al protagonista en vista del contexto verbal y no verbal.

La regla de puntos de partida (sexto mandamiento) puede violarse —en la etapa de argumentación— cuando el protagonista presenta falsamente algo como punto de partida compartido o cuando el antagonista niega una premisa que representa un punto de vista compartido. Al presentar falsamente algo como punto de vista compartido, el protagonista intenta evadir la carga de la prueba. Las técnicas utilizadas para este propósito incluyen presentar falsamente una premisa como evidente de suyo, envolver una proposición como parte de lo que una pregunta presupone (falacia de la pregunta múltiple [many questions]), esconder una premisa en o dentro de una premisa inexpresa y proponer argumentaciones que se reducen a lo mismo que dice el punto de vista a defender (petitio principii, también llamado circulus in probando o razonamiento circular, y en inglés begging the question). Cuando el antagonista por su parte niega una premisa que representa un punto de vista compartido, lo que hace es negarle al protagonista la oportunidad de defender su punto de vista ex concessis [a partir de lo que se ha ya concedido], lo cual no es sino negar una condición necesaria de toda argumentación exitosa.

La regla de validez (séptimo mandamiento) puede violarse —en la etapa de argumentación— por parte del protagonista de varias maneras. Algunos casos de invalidez lógica ocurren de forma regular y a menudo no se los reconoce inmediatamente. Entre ellos está el confundir una condición necesaria con una suficiente (o viceversa) en argumentos que utilizan una premisa del tipo “Si…, entonces…” (entonces se habla de la falacia de afirmar el consecuente o negar el antecedente). Otras violaciones se reducen a atribuir erróneamente una propiedad de un todo (una propiedad relativa o dependiente de la estructura) a sus partes constituyentes o viceversa (falacias de composición y división).

La regla de esquemas argumentales (octavo mandamiento) puede violarse —en la etapa argumentativa— por parte del protagonista cuando este se apoya en un esquema argumental inapropiado o bien cuando usa un esquema argumental apropiado pero lo usa incorrectamente. Las violaciones pueden clasificarse de acuerdo con las tres princiales categorías de esquema argumental: (1) argumentación sintomática o de tipo “instancia” [token], en la cual se establece una relación de concomitancia entre las premisas y el punto de vista (“Daniel es actor [y los actores son típicamente vanos], de manera que es ciertamente vano”); (2) argumentación comparativa o de tipo “semejanza”, en la cual se establece una relación de parecido (“La medida que propongo es justa, ya que el caso que se nos presentó el año pasado se trató de la misma manera [y ambos casos se parecen]”; y (3) argumentación instrumental o de tipo “consecuencia”, en la cual se establece una relación de causalidad (“Dado que Tomás ha estado bebiendo una cantidad excesiva de whiskey [y beber demasiado alcohol conduce a jaquecas terribles], debe tener ahora una jaqueca terrible”).

La argumentación sintomática se usa incorrectamente cuando, por ejemplo, se presenta un punto de vista como correcto porque una autoridad irrelevante o una cuasi-autoridad lo dice (variante especial del argumentum ad verecundiam) o porque todo mundo dice que es así (variante populista del argumentum ad populum y también variante especial del argumentum ad verecundiam), o cuando un punto de vista es una generalización basada en observaciones que no son representativas o son insuficientes (falacia del secundum quid o generalización apresurada). La argumentación comparativa se usa incorrectamente cuando, por ejemplo, al hacer una analogía no se cumplen las condiciones de una comparación correcta (falsa analogía). Finalmente, la argumentación instrumental se usa incorrectamente cuando, por ejemplo, un punto de vista descriptivo se rechaza por sus consecuencias no deseadas (argumentum ad consequentiam); cuando se infiere una relación causa-efecto de la mera observación de un acontecimiento que tiene lugar después de otro (post hoc ergo propter hoc); o cuando se sugiere injustificadamente que al decidir un curso de acción iremos de malo a peor (falacia de la pendiente resbaladiza o en inglés slippery slope).

La regla de conclusiones (noveno mandamiento) puede violarse —en la etapa de conclusión— por parte del protagonista cuando este concluye que un punto de vista es correcto simplemente porque se lo ha defendido con éxito (falacia de absolutización de la defensa) o por parte del antagonista cuando del hecho de que no se ha probado que algo sea el caso el antagonista concluye que no es el caso, o bien cuando del hecho de que no se ha probado que algo no sea el caso el antagonista concluye que algo es el caso (falacia de absolutización del fracaso de la defensa, una variante especial del argumentum ad ignorantiam). Al absolutizar el éxito de la defensa el protagonista comete un doble error: en primer lugar asigna a los puntos de partida compartidos un estatuto injustificado de hecho establecido, cuya verdad es indiscutible; en segundo lugar se toma una defensa exitosa y se le otorga un estatuto objetivo en vez de inter-subjetivo. Al absolutizar el fracaso de la defensa, el antagonista comete igualmente un doble error: en primer lugar confunde los roles de antagonista y protagonista; en segundo lugar, asume erróneamente que una discusión debe siempre terminar en una victoria para el punto de vista positivo o negativo, de manera que si no se tiene un punto de vista, eso automáticamente significa que se adopta el punto de vista negativo y viceversa, con lo cual se ignora la posibilidad de asumir un punto de vista “cero”.50

La regla de uso del lenguaje (décimo mandamiento) puede violarse —en todas las etapas— por parte de protagonista o antagonista si se toma una ventaja indebida de la obscuridad (falacia de falta de claridad) o ambigüedad (falacia de ambigüedad, equivocidad o amfibolía). Pueden ocurrir varios tipos de obscuridad, según provenga de de la manera en que está estructurado el texto, del carácter implícito de lo que se dice, de indefinición, falta de familiaridad, vaguedad, etc. Igualmente hay varios tipos de ambigüedad: referencial, sintáctica, semántica, etc. La falacia de ambigüedad está estrechamente relacionada con la de obscuridad, y puede ocurrir tanto sola como combinada con otras falacias (tales como las de composición y división).

Baste este breve panorama para mostrar que el análisis pragma-dialéctico de las falacias tradicionales como violaciones de las reglas de la discusión crítica es más sistemático que el tratamiento estándar criticado por Hamblin. En lugar de dar explicaciones ad hoc, se entienden aquí las falacias como subsumidas bajo una o más reglas de la discusión crítica. Las falacias que nos contentamos con agrupar por nombre en las categorías tradicionales se muestran aquí como teniendo algo en común o como claramenta distintas. Por su lado, se juntan falacias genuinamente relacionadas que en el tratamiento tradicional estaban separadas. Así por ejemplo, cuando distinguimos dos variantes del argumentum ad populum —una que viola la regla 4 de relevancia, la otra que viola la regla 8 de esquemas argumentales—, hacemos claro que estas variantes no son de hecho del mismo tipo. Igualmente, cuando analizamos una variante particular del argumentum ad verecundiam y una del argumentum ad populum como violaciones de la regla de esquemas argumentales, hacemos claro que estas variantes realmente son del mismo tipo una vez que se ven desde la perspectiva de la resolución de diferencias de opinión.

La sinopsis analítica revela también que el acercamiento pragma-dialéctico hace posible identificar obstáculos a la resolución de diferencias de opinión que son “nuevos” en el sentido de que no se habían reconocido ni nombrado como falacias: el declarar sacrosanto un punto de vista (violación de la regla 1 de libertad), el evadir la carga de la prueba mediante inmunización de un punto de vista frente a la crítica (violación de la regla 2 que obliga a defender puntos de vista presentados) o el presentar falsamente una premisa como evidente de suyo (violación de la regla 6 de puntos de partida), el negar una premisa inexpresa (violación de la regla 5 de premisas inexpresas), el negar un punto de vista aceptado o el presentar falsamente como punto de vista compartido (violaciones ambas de la regla 6 de puntos de partida), el absolutizar el éxito o el fracaso de una defensa (violación de la regla 9 de conclusiones), etc.

Argumentación y pragma-dialéctica

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