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[24 de abril]

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Aún en Berlín. No quiero despedirme de la ciudad a pesar del idioma. Porque es un trabajo el tal idioma; en los almacenes grandes se habla francés, pero en las calles si uno quiere una información, se fregó. Sus razones, y muy poderosas, tendrían Dios para tirarse la parada aquella de la Torre de Babel, pero hoy por hoy, es lo cierto que me tiene tirado a mí con su paradita. No hay remedio: hay que salir de aquí y ya será mañana, para ver de estar al fin de la semana en Bruselas.

El día de ayer, como el de hoy, ha sido bueno. Conocí nada menos que el palacio del Káiser que ocupa una gran manzana y que tiene seis siglos. Al frente de la fachada principal está la estatua ecuestre de Guillermo primero, con mil alegorías bélicas y casi tan alta como el palacio. Muchas salas visité, pero es notable la sala de trabajo del emperador, donde firmó, en 1914 la declaratoria de guerra al mundo. Hay en el centro una mesa, regalo de la reina Victoria de Inglaterra, contraída con madera de la fragata Victoria en que iba Nelson en la batalla naval de Trafalgar, y donde perdió la vida. En el centro de la mesa hay una papelera que imita la fragata, con una banderita que representa, en el lenguaje naval, la frase de Nelson al comenzar la batalla, y que es la proclama más corta y más hermosa que han visto los siglos: “Soldados. Cada uno de vosotros es hoy Inglaterra”. Quisiera tener tiempo para descubrirlo todo. Qué riqueza en porcelanas, mármoles y pinturas, qué pavimentos, qué decorados, qué retratos, qué forma de alumbrado, donde no se ve un foco y la luz, al ser encendida, se filtra tenuemente al través de delgadas placas de mármol blanco, de manera que quedan las paredes dando luz sin que sepa uno de dónde viene. Y ya cierro el cuaderno. No escribiré más de Berlín, porque no acabaría. Hoy he tomado un auto y a toda velocidad no pude salir de la ciudad en casi una hora, pero encontré un enorme parque, siempre con el ídolo en bronce: Federico el Grande. Si voy esta noche al teatro, no quedará constancia. No escribo más.

Memorias de viaje (1929)

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