Читать книгу Comentario al texto hebreo del Antiguo Testamento - Job - Franz Julius Delitzsch - Страница 29

Job 1, 4-5

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4Sus hijos celebraban banquetes en sus casas, cada uno en su día; y enviaban a llamar a sus tres hermanas para que comieran y bebieran con ellos. 5 Y sucedía que una vez pasados los días de turno, Job los hacía venir y los santificaba. Se levantaba de mañana y ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos. Porque decía Job: Quizá habrán pecado mis hijos y habrán blasfemado contra Dios en sus corazones. Esto mismo hacía todos los días.

Los elementos subordinados preceden a Job 1, 4 y están en perfecto; el hecho central que sigue, Job 1, 5, está en futuro consecutivo. Según Gesenius 126, 3, el perfecto describe algo que ha sucedido repetidamente en el pasado, como en Rut 4,7. El futuro consecutivo indica los hechos que acostumbra a realizar Job en relación con este caso. La consecutio temporum es exactamente la misma que en 1 Sam 1,3.

Parece que בּית אישׁ es una expresión adverbial separada, in domu unuiscujusque (en la casa de cada uno de ellos), y que יומו es una palabra autónoma, die ejus (en su día, como piensan Hirzel y otros). Parece también claro que las tres palabras forman una expresión adverbial única, in domo ejus cujus dies erat (en la casa de aquel a quien le correspondía ese día), como nosotros pensamos. Sea como fuere, en este contexto, יומו no se refiere, como piensan Hahn, Schlottmann y otros, al día del cumpleaños, como en Job 3:1. El texto, en su forma actual, se refiere simplemente a algo que se repite cada semana.

Los siete hijos tienen la costumbre de comer unos con otros cada día de la semana, y no dejan a las hermanas olvidadas en la soledad de la casa del padre, sino que las añaden a su número. Todos formaban, según eso, una familia en paz y unión, y así lo mostraban de un modo ininterrumpido.

A pesar de eso, a una hora temprana, en la mañana del octavo día, Job celebraba un solemne servicio religioso a favor de su familia, ofreciendo sacrificios por sus diez hijos, a fin de que ellos pudieran ser perdonados de cualquier tipo de pecados y frivolidades en los que hubieran podido caer, en medio de sus reuniones familiares.

El autor podía haber situado esta celebración en la tarde del día séptimo, pero él evita la más mínima referencia a algo que pueda tener un matiz israelita, porque no hay en la Escritura ninguna mención de una celebración sabática antes del tiempo de Israel. La observancia sagrada del sábado, que fue consagrada por Dios en Israel, aparece citada por vez primera en la Torá del Sinaí. Por eso, la celebración familiar cae en la mañana del domingo, un preludio memorable de la celebración neotestamentaria del domingo, algo que vemos aquí antes de la recepción de la Ley, de manera que podemos decir que nos hallamos ante el tipo de algo que se cumplirá en el Nuevo Testamento, después de la Ley.

El hecho de que Job, como padre de familia, sea el cohen o sacerdote de su casa es un elemento característico de la edad anterior a la Ley; este es, además, un derecho sacerdotal que los padres de Israel ejercieron en la prima pascua en Egipto (פסח מצרים), un derecho que aún se conserva en la celebración anual de la pascua (פסח הדורות).

El hecho es que aquí se conserva fielmente la perspectiva de aquella edad antigua, y eso mismo se indica también por la palabra עולה, que igual que en Job 42, 8, está indicando de un modo muy preciso un sacrificio expiatorio. En contra de eso, a pesar de que ese tipo de sacrificio sirve también, según el ritual mosaico, לכפר (para expiar: Lev 1, 4), como toda ofrenda de sangre, la idea de expiación ha sido transferida más tarde al sacrificio הטאת y אשׁם.

Aquí, en Job, no se menciona ninguno de esos dos tipos de sacrificio expiatorio. La ofrenda sangrienta se indica aún con un nombre más genérico, עולה, que recibió tras el diluvio. Este nombre indica que la ofrenda, consumida por el fuego, asciende como llama y humo hacia la altura de Dios. העלה no se refiere a poner la ofrenda sobre un altar elevado, sino a hacer que ascienda en forma de llama y fuego hacia el Dios que está por encima.

קדּשׁ significa la limpieza externa y la preservación espiritual para la celebración del sacrificio sagrado, como en Ex 19, 14. No hará falta poner de relieve que los sufijos masculinos se refieren también a las hijas. El texto evoca, por tanto, diez sacrificios totales, ofrecidos por Job, cada día que se inicia la ronda seminal de comidas, en la mañana del domingo. Y en esa línea podemos seguir suponiendo que la ronda de comidas comienza en la casa del primogénito el primer día de la semana.

Así dice Job: “Quizá mis hijos habrán pecado y habrán blasfemado contra Dios en sus corazones”. Sin duda, la palabra בּרך significa “en alguna otra parte” (1 Rey 21,10; Sal 10,3), en la línea de lo que puede significar ἀντιφραστικὴ εὐφημία, maledicere o maldecir. Este significado se aplica a Job 2,5, pero no a Job 2,9. Este último pasaje lleva más bien el significado de valedicere (bendecir), que nace de la costumbre de pronunciar una bendición o un saludo de bendición al separarse las personas (cf. Gen 47,10).

Job teme que sus hijos hayan podido olvidar de alguna forma a Dios, o actuar en contra de él, en medio de sus gozosas reuniones. Eso supone que en la familia de Job existía un fuerte deseo de santificación, de forma que él no se contentaba con el cumplimiento de una conducta apropiada, sino que buscaba la forma de reparar los posibles errores o pecados cometidos sin advertencia. El sacrificio, que es tan antiguo como el pecado de la humanidad, era para Job un medio de gracia para limpiarse a sí mismo y para limpiar a su familia cada semana de todo posible pecado interior.

Los futuros consecutivos vienen seguidos por perfectos, que son gobernados por ellos. Sin embargo, כּכה viene seguido por un futuro, a causa de su conexión histórica (véase, por otra parte, Num 8, 26), con el significado de faciebat, es decir, facere solebat, acostumbraba a hacer (Gesenius 127, 4, b).

Esto significa que Job lo hacía cada día, es decir, continuamente. Como cabeza de familia, él realizaba fielmente su vocación sacerdotal, lo que le permitía ofrecer sacrificios como un antiguo siervo pagano de Dios. Por medio de estos datos, el escritor nos ha hecho conocer al protagonista de la historia, de manera que ahora, con Job 1, 6 puede comenzar la historia misma. A partir de aquí, el autor nos traslada de la tierra al cielo, donde tiene su raíz invisible y su sentido final todo lo que se realiza en la tierra.

Comentario al texto hebreo del Antiguo Testamento - Job

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