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1. NO HAY QUE INTENTAR REINVENTAR LA RUEDA

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El uso del software como servicio (“SaaS” por sus siglas en inglés) consiste en aprovechar los desarrollos de otros, contratando una licencia para utilizar un software cuya eficacia y fiabilidad ya han quedado plenamente probadas. Estas herramientas de software pueden adaptarse y configurarse con mayor detalle, además de poder combinarse con otras herramientas. De este modo, puede desarrollarse un sistema completo no sólo de forma mucho más rápida que creándolo desde cero, entre otras cosas porque los sistemas SaaS han sido utilizados de forma significativa por otros y dan mucha más confianza en lo que respecta a su estabilidad.

Otra de las ventajas más importantes de utilizar sistemas SaaS es que el licenciante actualizará constantemente la aplicación, de modo que no hay el problema de tener que planificar una reconstrucción total una vez que, como en el caso de MCOL, el sistema original se quede demasiado obsoleto. Estos sistemas también están construidos de forma modular, por lo que resulta más fácil, seguro y rápido añadir nuevas funcionalidades.

Este tipo de aplicaciones SaaS pueden integrarse fácilmente en los sistemas judiciales para mejorar significativamente el servicio global. Por ejemplo, los avances en materia de negociación electrónica, como la herramienta visual de oferta ciega de Smartsettle, Smartsettle ONE 8, y Smartsettle Infinity9 para los litigios más complejos con múltiples asuntos y partes, aumentan las posibilidades de que las partes alcancen una resolución por sí mismas. Optar por tener un software judicial en línea desarrollado internamente desde cero aumentará inevitablemente los presupuestos, los retrasos y los problemas.

Aunque en este artículo se abordan las lecciones que hay que aprender de los esfuerzos de los tribunales en línea en Inglaterra y Gales, un buen ejemplo de las razones para externalizar el servicio puede verse con el sistema LITEKO en Lituania. Este sistema se construyó internamente en 2004. No se construyó con una estructura modular, por lo que requería de grandes cambios en el código para realizar modificaciones sencillas y/o añadir nuevas funciones. Si había que modificar una sección, era necesario revisar todo el código para identificar y tratar las posibles consecuencias no identificadas de dichos cambios. En el caso de LITEKO se comprobó que las tablas de la base de datos no estaban interconectadas. Además, la documentación técnica no era la adecuada, por lo que a los nuevos miembros del equipo de soporte/desarrollo les resultaba mucho más difícil y les llevaba más tiempo poder trabajar con el software.

Esto no quiere decir que el sistema no tuviera éxito. Desgraciadamente, tuvo demasiado éxito porque como resultado de la promoción pública que dio a conocer la disponibilidad de la plataforma y su facilidad de acceso, consiguió atraer a un gran número de nuevos usuarios, aunque a medida que la base de usuarios aumentaba, el funcionamiento del software empezó a ralentizarse.

La situación llegó a ser tan grave que se optó por la necesidad de construir un nuevo sistema. Las obras de LITEKO 2, tal y como se conoce, comenzaron finalmente en 2014. Como prueba de esa dificultad y debido a la falta de una construcción modular, aún hoy, 6 años después, no ha podido completarse. El objetivo actual es el de completar su desarrollo en 2022.

Justicia digital, mercado y resolución de litigios de consumo

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