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EL ETERNO DILEMA, ¿LA FAMILIA O LA FE?

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En Muret cambió la historia de España. Podría haber sido de otro modo. Podría, pero no lo fue. Y no lo fue por Muret. Recordémoslo. Fue una batalla campal que tuvo lugar el jueves 13 de septiembre de 1213. De un lado, Simón de Montfort y la caballería de Luis VIII de Francia (que era como decir de su esposa Blanca de Castilla, la flamante hija de Alfonso VIII, el héroe de las Navas de Tolosa); del otro, los nobles de los Pirineos, en su mayoría de cultura cátara, apoyados por Pedro el Católico, rey de Aragón y conde de Barcelona. Suena raro que un rey católico apoye a unos herejes contra la invasión de unos cruzados enviados por el Papa aunque fuesen franceses. ¿Por qué lo hizo? La repetición de Muret en la memoria de los pueblos pirenaicos es la señal de que aún hoy no son capaces de entender lo que realmente sucedió, y por qué sucedió. Tenemos que hacer un esfuerzo. Tenemos que viajar al sitio donde se consumó la famosa batalla.

Cuando unos amigos me pidieron que les acompañara de viaje a lo que las guías de la zona llaman el país cátaro supe que de un modo u otro tendría que afrontar el dilema de Pedro el Católico en Muret. Al igual que a muchos otros turistas, también a nosotros nos sobrecogió la experiencia directa de los famosos paisajes, pueblos y castillos en los que floreció durante más de un siglo la cultura cátara. Al margen de la frecuencia con la que hubiéramos oído comentar uno o varios casos en los reportajes televisivos dedicados a los misterios de ese mundo, vinculados a la ciudad de Carcasona, nunca se está del todo preparado para entender lo que allí sucedió. También sobrecoge el interés social que ha despertado la recuperación de ese mundo, que alguien desearía que no se hubiera perdido para siempre. Una cosa es leer una buena novela sobre cátaros condenados a la hoguera en la enigmática ciudad de Minerva y otra bien distinta encontrar rasgos de esa cultura en las laderas cubiertas de vides que rodean al castillo de Aguilar. El impacto de esa realidad escondida aumenta el valor del paisaje y puede apreciarse incluso mientras se marcha en una dirección contraria.

España, una nueva historia

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