Читать книгу Poesía - Juan Ariel Pullao - Страница 21
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ОглавлениеSobre los árboles el sol se detiene como un niño que tiene los pies mojados y las manos frías y que quieto aguarda en la humedad.
El día trascurre con sus juegos y campanas, ascendiendo por el mundo, quebrando la paz de los ventanales.
En medio de las arboledas la monótona caída de la lluvia comienza a ceder.
Los sauces son golpeados por el viento de la estación. Las veletas giran desorientadas.
Afuera el día se ha colmado de silencio y en los charcos brilla el reflejo opaco del sol.
Todo está cubierto por la soledad que solo nosotros habitamos. Todo está cubierto por el espacio gris y amargo que encierra la península.
Sobre tu cabeza las horas fueron desparramando nieblas y polen, hasta que se consolidó en tu frente la corona del sol y mis manos te sostuvieron como un regalo que la lluvia rodeó con su música.
Y mientras el día y los crepúsculos se repitieron en nuestras palabras, yo contigo observé la crueldad del hemisferio,
el paisaje golpeado por los caballos, el sur desmoronando el agua, las hojas en el barro del camino.
¡Oh, el mundo nuevamente colmado de sol! ¡La boca del cielo besando los bosques!
¡Las inmensas soledades abatidas por el silencio! ¡La muerte, la gran muerte, vestida de oro!
Y nosotros, los habitantes de la península, abrazados en la humedad, en la última estación de la lluvia, sentimos el aroma de los pinos, el corazón joven del invierno,
los fuegos que se encienden en la distancia, las ramas que se quiebran en las sombras del campo.
Oh, pero la noche regresa colmada de gritos y antiguas estrellas. Sobre los caminos de la península los árboles empiezan a oscurecerse.
Las chacras campesinas ya no se divisan en la distancia opaca. Las carretas del bosque avanzan entre los establos vacíos. Y la totalidad del día detiene su carruaje en el sendero negro.
Oh, tú eres una sombra cargada de dolores que ascienden por la noche. Tú eres una flor que se deja caer en mis manos oscuras.
Oh, todo es una penumbra en la que te sumerges y en la que se sumergen las cosas que mueren con el día. Todo es un silencio en el que se preparan las alas de la estación.
Pero otra vez la tormenta desciende con la brisa tardía. Se extinguen los fuegos rojos de la casa y los pinos crujen en el bosque.
Y mientras tú te entregas al abrazo de esta hora, afuera la lluvia cae dibujando cruces en el viento.