Читать книгу Poesía - Juan Ariel Pullao - Страница 26

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De tanto amarte con el cuerpo y el alma tuve miedo de perderte mientras la noche avanzaba demoliendo sombras y crepúsculos.

Tuve miedo de no verte en los caminos que se elevaban hasta tu casa o en los muelles donde esperabas con tu bufanda de otoñales colores.

Y mientras ascendían las aves buscando el equinoccio, y las flores se cerraban al borde del camino, tú esperabas silenciosa la tarde que caía.

Oh, tú fuiste como el viento que creció entre los pinares. Como la lluvia que arrastró corolas y maderos.

El cuerpo pálido hecho de furia y violencia. El grito de los pájaros sobre la soledad de los muelles.

Ah, pero colmas la tarde con tu beso atravesado por la lluvia. Impones tus ojos como dos barcas que se azotan en la orilla.

Y vibran en tus aguas las luces del véspero. Y se encienden en tus ojos las sombras del bosque.

Oh, muchacha, el viento pasa doblando las pequeñas flores del campo, deshojando recuerdos tardíos, agitando las hebras de tu pelo.

El agua golpea las piedras de la costa, los álamos susurran mirando la ciudad, las luces tiemblan en la lejanía.

Amplio es el espacio que la lluvia golpea; amplias las tristezas que en la península afloran.

Las voces que se elevan desde la tierra hasta el cielo, las palabras que se pierden entre las sombras y la lejanía.

Oh, pero la angustia del poniente desciende sobre las casas. La lluvia consume la estación casi apagada. La ciudad arde colmada de tempestad y viento.

Y porque así sucedieron las horas que se apagaron en las calles, y el tiempo que pasó sobre los charcos sin que nadie lo viera descender,

cargado de hojas y lluvia,

así fue también la soledad que compartimos, el beso que nos acercaba en la tarde, las manos que sostuve en el frío de la estación, el silencio que evocabas desde tu alma tardía.

Así fue la boca que alzó su alegría contra el sol del mes, y la tristeza vaga de los bosques, y el corazón que ardió en la primera noche alegre de la península.

Poesía

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