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PRÓLOGO
ОглавлениеLas composiciones de este volumen fueron escritas entre los años 2010 y 2015. Tantas cosas han pasado desde entonces que las razones que me llevaron a escribirlas han ido cambiando a lo largo de este periodo o se fueron adaptando a intereses artísticos cada vez más amplios. Esta afirmación, quizás desalentadora para quien lee este prólogo, no es incompatible con el hecho de que toda labor artística es siempre una búsqueda, a veces desdichada, a veces fortuita, de la belleza. Así, podríamos decir que el fin último de estos poemas es en esencia estético; y que los motivos iniciales que impulsaron su escritura pueden quedar de lado, o ser parte de un propósito puramente artístico e íntimamente relacionado con quien trabaja estas líneas.
En cuanto a mis intereses literarios, mi carácter conservador me llevó a descartar ciertas voces que no se correspondían con mi espíritu: eliminé el pronombre “vos” y lo reemplacé en todo momento por el “tú”, recuperé el verso libre de Whitman y la prosa olvidada de Tagore, desdeñé toda vanguardia ajena a mi expresión artística y a mi visión estética de la vida, y me mantuve al margen de las escuelas literarias que no representaban mis intereses. En este sentido, no quise apartarme de mis maestros ni de sus detractores. No quise pertenecer a la novedad literaria ni a la progresía moderna enmarcada en la misma.
Más allá de esto, el volumen está formado por seis obras. La primera de ellas, Tentativa de estación (2010-2012), es un escrito introductorio que busca recuperar, con muy poco éxito, textos iniciales y adolescentes; varios de ellos fueron escritos hace ya más de diez años, otros tienen leves cambios de estilo, otros modificaciones parciales en su estructura. El poema 1 resume lo que se leerá a continuación; el poema 9 comprende la totalidad de la obra.
El cuaderno de la lluvia (2012-2013) y El crepúsculo desde la plaza (2012-2013), escritos en el mismo periodo de tiempo, son textos que vienen a complementar la obra inicial. El lector encontrará en ellos elementos propios del romanticismo, descripciones de ciudades, recuerdos de plazas y arrabales, crepúsculos olvidados, calles cubiertas de sombras y transeúntes y algún que otro aspecto relacionado a aquella etapa inicial, ya tan lejana y distante, de mi adolescencia.
El deshojador (2013-2014), escrito al año siguiente, no pasa de ser una ficción. Si bien es cierto que el lector puede identificar en él algún aspecto filosófico vinculado al entendimiento de la naturaleza, del amor y de la muerte, esa no ha sido la intención de la obra. Más bien es un acercamiento a una parte de mi vida que transcurrió hace ya tanto tiempo y cuya expresión artística era necesaria desarrollar en este brevísimo poemario. Amapolas inventivas (2013-2014), redactado conjuntamente con El deshojador y de forma efímera, pretende recuperar el paisaje de mi infancia. Es un libro que abunda en evocaciones de campos y florestas y de flores provincianas y donde se intenta recordar la primavera campesina y los muelles que brillan a la orilla de la tarde mientas la luz desciende sobre los bosques.
Encuentro autumnal (2014-2015), la obra más elaborada y extensa de este volumen, la he trabajado con cuidado, intentando ajustar las palabras a la identidad que quise otorgarles. El lector verá que la obra tiene las características de una poesía amatoria, no muy distinta, en ciertos aspectos, a las obras previas que se presentan en este volumen, pero con un mayor grado de madurez y una mayor cercanía espiritual al tema de estudio. Me jacto de alguna que otra composición, quizás de alguna línea o de un final trabajado por las horas y el cansancio. El resto ahora depende del tiempo, que en cierta medida define la calidad y permanencia de las obras, no de los autores. De aquí en más, el lector participará de esta labor, que aunque ha sido ardua y trabajosa para mí, es una felicidad y una alegría entregársela al mundo.
Juan Ariel Pullao
San Carlos de Bariloche, 5 de agosto de 2021