Читать книгу Poesía - Juan Ariel Pullao - Страница 8
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ОглавлениеLas hojas caen de los árboles con un movimiento que se repite en vueltas breves. Parece que los pájaros vuelan sobre las copas de los sauces mientras las huellas de los animales reverberan en el barro del camino.
Aquí y allá los vapores de la tierra ascienden con el calor del día,
y sobre las casas del barrio las veletas giran mientras el sol ilumina sus estructuras de hierro.
Esta hora está colmada de antiguas soledades; de viejos silencios que ascendieron con el rocío amargo de la noche.
Bajo los árboles la aurora fue acumulando las hojas de la estación, mientras el viento hacía crujir las ramas de los pinos.
Entre las casas del barrio los árboles se mueven con una cadencia que se vuelve parte del paisaje.
A lo lejos el campanario estalla en variados tonos amarillos y rojos, y el color violeta de los arbustos se refleja en el lago con un brillo que se acopla al silencio del agua.
Desde mi ventana el pasto es de un verde apagado y en la extensión hay una tristeza que por momentos parece ser mía.
Una tristeza que se tumba en el camino como un animal cansado, y que adormecido por el aire tibio, se deja morir a la sombra de los sauces.
Una tristeza que parece ser honda como un viento que emerge desde el fondo del lago y que se pierde, dando gritos en el crepúsculo, sin que nadie los oiga.
¡Oh, qué interminable este momento!¡Qué infinito el otoño! ¡Qué infinita la tristeza!
¡Aquí y allá las mismas hojas, los mismos vientos, la misma soledad!
¡Aquí y allá las aguas deshaciendo el musgo de las rocas, arrastrando maderas, ahuyentando pájaros!
Y a lo lejos las casas deshabitadas, crujiendo con el paso del día, temblando en el bosque cargado de sombras y abandono, sucumbiendo la humedad, el frío exaltado, la niebla habitada por vapores y formas.
Frente a mi ventana las hojas caen con su música de otoño. Bajo los árboles las raíces buscan la humedad de la aurora.
El agua golpea los muelles y los botes en la sombra amarrados.
Y un aire que rodea las enredaderas y los troncos pasa sobre las veletas y establos peninsulares.
Oh, la vida se desarrolla, plenamente, en las manos de la estación. En el bosque se elevan los pájaros hacia la costa lejana.
Y mientras en el alma del otoño hay una tristeza que no es sino mía, la soledad crece con la aurora porque soy yo quien observa.