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D) Período de transición

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El período de transición está destinado a proporcionar al deportista una recuperación física y mental tras los esfuerzos extremos a los que se somete durante la competición en el período anterior.

Su duración girará en torno al mes. En la figura 3.16 se detalla la duración de éste y de los demás períodos a lo largo de los macrociclos.

El período de transición es una pieza fundamental del carácter plurianual del “plan de expectativas”. Si al finalizar cada macrociclo los deportistas hiciesen un período de descanso, al inicio del macrociclo siguiente deberían retomar los entrenamientos a unos niveles extremadamente más bajos que los conseguidos en el pico del ciclo anterior.

El mantenimiento de un nivel adecuado de preparación se realiza no sólo en la parte física, sino también en el área técnica y psicológica; sin embargo, este mantenimiento se obtiene por medio de trabajos desarrollados en casi la totalidad de actividades generalizadas en detrimento de las específicas.

Fisiológicamente, se explica con facilidad por qué es necesario durante el período de transición utilizar una intensidad de trabajo físico bastante baja para que el deportista disfrute de una recuperación metabólica más completa de la que disfrutaba en períodos anteriores.

Cuando se habla del principio de sobrecarga, se muestran las ventajas de aplicar un nuevo estímulo antes de la recuperación metabólica total del esfuerzo anterior. Según este principio, durante todo el período preparatorio y el período competitivo se debe alternar la carga de trabajo en un proceso cíclico de variación, estímulos y reposo, que permita al deportista alcanzar un rendimiento creciente.


Figura 3.15. Gráfico de una periodización adecuada de los entrenamientos.


Figura 3.16. Duración de los períodos y las fases.

Sin embargo, a pesar de haber días y microciclos estresantes, el deportista de alto nivel se mantendrá en un estado permanente de desgaste psicológico y fisiológico.

Sin un reposo activo prolongado, se produciría una conversión del efecto acumulado por el entrenamiento, o, lo que es lo mismo, un sobreentrenamiento y proceso de fatiga al reiniciar el entreno.

Al margen de lo citado, el enorme volumen de actividades determinadas en la fase específica del período preparatorio y el período de competición hace que el deportista pase la mayor parte del tiempo desarrollando las mismas tareas y perfeccionando los mismos movimientos. Si durante el período de transición no cambia de actividad, surgirá un cuadro de “inhibición reactiva”, o, lo que es lo mismo, el deportista sufrirá una saturación psicológica en relación con el deporte, con graves perjuicios para su capacidad de aprendizaje y motivación. Para prevenir este fenómeno durante el período de transición se debe orientar al deportista a la ejecución de otro tipo de deporte diferente de aquel que normalmente practica.

Para alcanzar la relajación del sistema nervioso central (arousal), es importante variar el ambiente en que se desenvuelve el deportista. Por ejemplo, si el trabajo durante el año se desarrolla en un gimnasio, puede trasladarse a una playa, un bosque, o viceversa. Son excelentes los resultados obtenidos en períodos de transición en regiones montañosas a gran altitud.

Un período de transición bien conducido permitirá acelerar el ritmo de entrenamiento al inicio de un nuevo macrociclo.

Matveev (1977) cita un experimento de Voronin, presentado en el gráfico de la figura 3.17, como ejemplo de dicho fenómeno.

Sin embargo, aunque no hay una interrupción del entreno, sí se rompe el sistema de entrenamiento del deportista, y los efectos de ese reposo activo, tanto sobre la parte fisiológica como sobre la psicológica, propiciarán un comportamiento de curva de resistencia al entrenamiento como el representado en la figura 3.18.

La práctica de la preparación física

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