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18. Naturaleza y hechos de Afrodita

a. Rara vez se podía convencer a Afrodita de que prestara a las otras diosas el ceñidor mágico que hacía que todos se enamoraran de su portadora, pues cuidaba con mucho celo su posición. Zeus la había entregado en matrimonio a Hefesto, el dios-herrero cojo, pero el verdadero padre de los tres hijos que ella le dio —Fobos, Deimos y Harmonía— era Ares, el impetuoso, borracho y pendenciero dios de la Guerra, de miembros fuertes y bien formados. Hefesto no sabía nada del engaño hasta que una noche los amantes permanecieron en el lecho hasta muy tarde en el palacio que Ares poseía en Tracia. Cuando Helios se levantó y vio que estaban en plena diversión, fue a contárselo a Hefesto.

b. Hefesto se recluyó furioso en su taller y, a golpe de martillo, forjó una red de caza en bronce, tan fina como un hilo de araña pero casi irrompible, que ató secretamente a los postes y los laterales de su lecho matrimonial. Cuando Afrodita regresó de Tracia toda sonriente, diciendo que había estado arreglando unos asuntos en Corinto, su marido le dijo: «Tendrás que excusarme, querida, voy a tomarme unas cortas vacaciones en Lemnos, mi isla favorita». Afrodita no se ofreció a acompañarle y, cuando lo perdió de vista, llamó inmediatamente a Ares, que se apresuró a visitarla. Los dos se metieron alegremente en la cama, pero al amanecer se vieron envueltos en la red, desnudos e incapaces de escapar. Al volver de su viaje, Hefesto los sorprendió allí y llamó a todos los dioses para que fueran testigos de su deshonor. Luego anunció que no liberaría a su esposa hasta que le devolvieran los valiosos regalos nupciales que había entregado a Zeus, padre adoptivo de Afrodita.

c. Allí corrieron los dioses a contemplar la vergüenza de Afrodita. Pero las diosas, por delicadeza, se quedaron en casa. Apolo, dando un codazo a Hermes, le preguntó: «No te importaría nada estar en el lugar de Ares, con red y todo, ¿eh?».

Hermes juró por su cabeza que no le importaría en absoluto, aunque hubiera tres redes más y todas las diosas lo estuvieran mirando con desprecio. Ante esta respuesta, ambos estallaron en carcajadas. Pero Zeus estaba tan disgustado que se negó a devolver los regalos matrimoniales o interferir en una vulgar disputa entre marido y mujer, declarando que Hefesto era un estúpido por haber aireado el asunto. Posidón, que al ver el cuerpo desnudo de Afrodita se había enamorado de ella, ocultó sus celos de Ares y fingió simpatizar con Hefesto.

—Puesto que Zeus se niega a ayudar —dijo—, yo me ocuparé de que Ares pague por su liberación el equivalente a los regalos matrimoniales en cuestión.

—Eso está bien —-replicó Hefesto con tristeza—. Pero si Ares no cumple, tendrás que ocupar su lugar bajo la red.

—¿En compañía de Afrodita? —preguntó Apolo riéndose.

—No creo que Ares falte a su compromiso —dijo con nobleza Posidón—. Pero si lo hace, estoy dispuesto a pagar la deuda yo mismo y a casarme con Afrodita.

Así, Ares fue puesto en libertad y volvió a Tracia, mientras que Afrodita fue a la isla de Pafos, donde renovó su virginidad en el mar.1

d. Halagada por la sincera confesión de amor de Hermes, Afrodita pasó una noche con él, fruto de la cual nació Hermafrodita, un ser con los dos sexos. E igualmente complacida por la intervención de Posidón en su defensa, le dio dos hijos, Rodo y Herófílo.2 3 No hace falta decir que Ares no cumplió el pacto, alegando que si Zeus no pagaba, por qué tendría que pagar él. Al final nadie pagó porque Hefesto estaba locamente enamorado de Afrodita y no tenía verdaderas intenciones de divorciarse de ella.

e. Más tarde Afrodita se entregó a Dioniso y le dio a Príapo, un niño feo con enormes genitales (fue Hera quien le dio esta obscena apariencia en castigo por la promiscuidad de Afrodita). Era jardinero y llevaba una podadera.

f Aunque Zeus nunca yació con su hija adoptiva Afrodita, como algunos dicen que hizo, la magia de su ceñidor le sometió a constantes tentaciones, y al final decidió humillarla haciendo que se enamorara desesperadamente de un mortal. Éste era el atractivo Anquises, rey de los dárdanos y nieto de lio, y una noche, cuando él estaba dormido en su cabaña de pastor en el monte Ida de Troya, Afrodita entró disfrazada de princesa frigia, envuelta en una deslumbrante túnica roja, y se acostó con él en un lecho de pieles de osos y leones, mientras las abejas zumbaban soñolientas a su alrededor. Cuando se separaron al amanecer, ella reveló su identidad y le hizo prometer que no le contaría a nadie que había dormido con él. Anquises se sintió horrorizado al descubrir que había violado la desnudez de una diosa y le suplicó que le perdonara la vida. Ella le aseguró que no tenía nada que temer y que el hijo que tuviera de él sería famoso.4 Algunos días después, mientras Anquises bebía con sus amigos, uno de ellos le preguntó:

—¿No preferirías acostarte con la hija de fulano o mengano antes que con la mismísima Afrodita?

—No —contestó él incautamente—. Me he acostado con ambas y la pregunta es absurda.

g. Zeus escuchó esta bravata y lanzó su rayo contra Anquises, y lo habría matado al instante de no ser porque Afrodita interpuso su ceñidor, desviando así el rayo a la tierra en que se apoyaban sus pies. No obstante, el impacto debilitó tanto a Anquises que nunca más volvió a ser capaz de mantenerse erguido y Afrodita, poco después de dar a luz a su hijo Eneas, perdió todo apasionamiento por él.5

h. Un día, la esposa del rey Cíniras de Chipre —al que algunos llaman el rey Fénix de Biblos y otros el rey Thías de Asiría— se jactaba alegremente de que su hija Esmirna era más bella incluso que Afrodita. La diosa se vengó de este insulto haciendo que Esmirna se enamorara de su padre y se llegara hasta su cama en una noche oscura en que su aya le había emborrachado para que no se diera cuenta de lo que estaba haciendo. Más tarde, Cíniras descubrió que era a la vez el padre y el abuelo del futuro hijo de Esmirna, y en un ataque de ira tomó una espada y la persiguió hasta expulsarla del palacio. La alcanzó en lo alto de una colina, pero Afrodita se apresuró a transformarla en un árbol de mirra que la espada cortó en dos mitades. De ahí salió el infante Adonis. Afrodita, ya arrepentida de la travesura que había cometido, escondió al recién nacido en un cofre que confió a Perséfone, Reina de la Muerte, pidiéndole que lo guardara en un lugar oscuro.

i. Perséfone sintió curiosidad y abrió el cofre, y encontró a Adonis dentro. Era tan adorable que lo tomó en brazos y lo llevó a su palacio. La noticia llegó a Afrodita, que enseguida se presentó en el Tártaro a reclamar a Adonis. Pero cuando Perséfone se negó, pues le había convertido en su amante, apeló a Zeus. Zeus, dándose cuenta de que Afrodita también quería acostarse con Adonis, se negó a juzgar tan vulgar disputa y transfirió el asunto a un tribunal menor presidido por la musa Calíope. El veredicto de ésta fue que Perséfone y Afrodita tenían el mismo derecho a reclamar a Adonis: Afrodita por haberlo dado a luz y Perséfone por haberlo rescatado del cofre, pero que a él se le debían conceder unas breves vacaciones anuales para descansar de las exigencias amorosas de estas dos diosas insaciables. Así pues, Calíope dividió el año en tres partes iguales, de las cuales una tenía que pasar con Perséfone, otra con Afrodita y la tercera quedaba reservada para sí mismo.

Afrodita no jugó limpio, ya que, valiéndose de su mágico ceñidor, convencía a Adonis de que le dedicara a ella el tiempo del que podía disponer para sí mismo, escatimara la parte que debía pasar con Perséfone y desobedeciera la sentencia del tribunal.6

/'. Perséfone, ofendida con toda justicia, fue a Tracia y contó a su benefactor Ares que ahora Afrodita prefería a Adonis en vez de a él. «¡Es un simple mortal! —gritó—, ¡y además afeminado!» Ares se puso celoso y, disfrazado de jabalí, corrió adonde estaba Adonis cazando en el monte Líbano y le corneó hasta matarlo ante los propios ojos de Afrodita. De su sangre brotaron anémonas y su alma descendió al Tártaro. Afrodita acudió sollozando ante Zeus y le suplicó que Adonis no pasara con Perséfone más que la mitad más melancólica del año y que fuera su compañero durante los meses de verano. Zeus accedió magnánimamente a su petición. Pero hay quien dice que el jabalí en realidad era Apolo, y que se estaba vengando de una ofensa que le había hecho Afrodita.7

k. En una ocasión, para dar celos a Apolo, Afrodita pasó varias noches en el Lilibeo con el argonauta Butes y de él quedó encinta de Erix, un rey de Sicilia. De Adonis tuvo un hijo, Golgos, fundador de Golgi en Chipre, y una hija, Beroe, fundadora de Beroea en Tracia. Y algunos dicen incluso que fue Adonis, y no Dioniso, el padre de su hijo Príapo.8

l. Las Parcas asignaron a Afrodita un único deber divino, a saber, hacer el amor. Pero un día Atenea la sorprendió trabajando en secreto en un telar y se quejó de que se habían infringido sus prerrogativas, amenazando con abandonarlas por completo. Afrodita se disculpó profusamente y desde entonces no volvió a realizar un solo trabajo manual.9

1. Los helenos posteriores quitaron parte de su importancia a la Gran Diosa del Mediterráneo que había sido durante mucho tiempo la diosa suprema de Corinto, Esparta, Tespias y Atenas, colocándola bajo tutelaje masculino y mirando sus solemnes orgías sexuales como indiscretos adulterios. La red en que Homero representa a Afrodita atrapada por Hefesto era originalmente la suya propia como Diosa del Mar (véase 89.2), que al parecer tejía su sacerdotisa durante el carnaval de primavera. La sacerdotisa de la diosa nórdica Hollé, o Gode, hacía lo mismo en las Vísperas de Mayo.

2. Príapo se originó en las burdas imágenes fálicas de madera que presidían las orgías dionisíacas. Se le atribuyó ser hijo de Adonis por los «jardines» en miniatura que se ofrecían en sus festivales. El peral estaba consagrado a Hera como diosa principal del Peloponeso, y en consecuencia se le llamó Apia (véanse 64.4 y 74.6).

3. Afrodita Urania («reina de la montaña») o Ericina («diosa del brezo») era la diosa-ninfa de mediados de verano. Destruía al rey sagrado que copulaba con ella en la cima de una montaña de la misma manera en que la abeja reina destruye al zángano: arrancándole sus órganos sexuales; de ahí las abejas amantes del brezo y la túnica roja que utilizó en su romance con Anquises en la cima de la montaña; y de ahí también el culto de Cibeles, la Afrodita frigia del monte Ida como abeja reina y la extática autocastración de sus sacerdotes en memoria de su amante Atis (véase 19.1). Anquises era uno de los muchos reyes sagrados que eran heridos con un rayo ritual después de haber sido consorte de la Diosa de la Muerte-en-Vida (véase 24.a). En la versión más antigua del mito se le da muerte, pero en las posteriores consigue escapar: para justificar la historia de cómo el bondadoso Eneas, que llevó el sagrado Paladio a Roma, liberó a su padre de la ciudad de Troya en llamas (véase 168.c). Su nombre identifica a Afrodita con Isis, cuyo esposo Osiris fue castrado por Set disfrazado de jabalí. De hecho, «Anquises» es un sinónimo de Adonis. Tenía un santuario en Egesta, cerca del monte Erix (Dionisio de Halicarnaso: i.53), y por eso Virgilio dijo que había muerto en Drépano, una ciudad vecina, y había sido enterrado en la montaña (Eneida iii.710, 759, etc.). En la Tróade y Arcadia aparecieron otros santuarios de Anquises. En el santuario de Afrodita en el monte Erix se mostraba un panal de miel de oro, que según cuentan fue una ofrenda votiva de Dédalo en su huida a Sicilia (véase 92.h).

4. Como Diosa de la Muerte-en-Vida, Afrodita recibió muchos títulos que parecen incoherentes con su belleza y afabilidad. En Atenas se la llamaba la Mayor de las Parcas y hermana de las Erinias; y en otros lugares es conocida como Melenis («la negra»), un nombre que Pausanias explica ingenuamente diciendo que significa que la mayor parte de los actos sexuales tienen lugar durante la noche. Otro nombre es Escotia («la oscura»), Andrófona («asesina de hombres») e incluso, según Plutarco, Epitimbria («la de las tumbas»).

5. El mito de Cíniras y Esmima recoge evidentemente un período de la historia en que el rey sagrado, en una sociedad matrilineal, decidió prolongar su reinado más allá de la duración habitual. Y lo hizo celebrando matrimonio con la joven sacerdotisa —en teoría, su hija— que iba a ser reina para el próximo período, en vez de permitir que otro principillo se casara con ella y pusiera fin a su reinado (véase 65.7).

6. Adonis (del fenicio adon, «señor») es una versión griega del semidiós sirio Tammuz, el espíritu de la vegetación anual. En Siria, Asia Menor y Grecia, el año sagrado de la diosa se dividía a su vez en tres partes regidas por el León, la Cabra y la Serpiente (véase 75.2). La Cabra, emblema de la parte central, pertenecía a la diosa del Amor, Afrodita; la Serpiente, emblema de la última parte, a la diosa de la Muerte, Perséfone; y el León, emblema de la primera parte, estaba consagrado a la diosa del Nacimiento, llamada allí Esmirna, que no tenía ningún derecho sobre Adonis. En Grecia este calendario dio lugar a un año de dos estaciones dividido al estilo oriental por los equinoccios, como en Esparta y Delfos, o por los solsticios, según el estilo occidental de Atenas y Tebas. Eso explica las diferencias entre los respectivos veredictos de Zeus y la diosa de la montaña Calíope.

7. A Tammuz lo mató un jabalí, como a muchos personajes míticos parecidos: Osiris, el Zeus cretense, Anceo de Arcadia (véase 157.e), Carmanor de Lidia (véase 136.¿>) y el héroe irlandés Diarmuid. Este jabalí parece que fue en un tiempo un puerco con colmillos en forma de media luna, es decir, la misma diosa como Perséfone; pero cuando se dividió el año la estación luminosa pasó a estar regida por el rey sagrado y la mitad oscura por su sucesor, o rival, que aparecía disfrazado de jabalí salvaje —como Set cuando mató a Osiris, o Finn mac Cool cuando mató a Diarmuid. La sangre de Tammuz es una alegoría de las anémonas que cubrieron de rojo las lomas del monte Líbano tras las lluvias del invierno. En Biblos se celebraba cada primavera la Adonia, festival funeral en honor de Tammuz. El nacimiento de Adonis a partir de un árbol de mirra —un afrodisíaco bien conocido— demuestra el carácter orgiástico de sus ritos. Las gotas de resina que desprende este árbol se supone que son las lágrimas derramadas por él (Ovidio: Metamorfosis x.500 y ss.). Higinio hace a Cíniras rey de Asiria (Fábula 58), quizá porque el culto a Tammuz parece haber tenido allí su origen.

8. Hermafrodito, hijo de Afrodita, era un joven con largo cabello y pechos de mujer. Tal como la andrógina, o mujer barbuda, el hermafrodita tenía, por supuesto, su extravagante contrapartida física, pero como conceptos religiosos ambos se originaron en la transición del matriarcado al patriarcado. Hermafrodito es el rey sagrado, representante de la Reina (véase 136.4), que lleva senos artificiales. Andrógina es la madre de un clan prehelénico que ha conseguido evitar el patriarcado, y para mantener sus magistrales poderes o ennoblecer a los hijos nacidos de ella y un padre-esclavo, adopta una falsa barba, como era la costumbre de Argos. Las diosas barbudas como la Afrodita chipriota, y los dioses afeminados como Dioniso, corresponden a estas etapas sociales de transición.

9. Harmonía es a primera vista un extraño nombre para una hija nacida de Afrodita y Ares, pero, tanto entonces como ahora, lo que prevalecía en un estado que estaba en guerra era algo más que el simple cariño y la armonía.

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