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20. Naturaleza y hechos de Hestia

a. El mayor mérito de Hestia radica en que, a diferencia de las otras deidades olímpicas, nunca tomaba parte en guerras o disputas. Además, al igual que Ártemis y Atenea, siempre se resistió a los requerimientos amorosos que le ofrecían los dioses, Titanes y otros; así, tras el destronamiento de Crono, cuando Posidón y Apolo aparecieron como pretendientes rivales, ella juró por la cabeza de Zeus que permanecería virgen para siempre. Por ese motivo Zeus la recompensó ofreciéndole siempre la primera víctima de cada sacrificio público,1 porque había preservado la paz en el Olimpo.

b. Estando ebrio, Príapo intentó una vez violarla en una fiesta rústica a la que asistieron los dioses, cuando todos cayeron dormidos hartos de comer. Pero un asno rebuznó despertando a Hestia, quien al ver a Príapo a punto de echarse a horcajadas encima de ella dio tal grito que él salió huyendo presa de un terror cómico.2

c. Es la Diosa del Hogar, que en cada casa particular y en las casas municipales protege a todos los que acuden a implorar su protección. Hestia es reverenciada universalmente no sólo por ser la más amable, correcta y caritativa de todo el Olimpo, sino también por haber inventado el arte de construir casas. Su fuego es tan sagrado que si por accidente o en señal de luto se apaga, se reaviva con una ruedecilla de encender.3

1. El centro de la vida griega —incluso en Esparta, donde la familia se había subordinado al Estado— era el hogar familiar, considerado también altar de sacrificios, y Hestia, por ser su diosa, representaba la seguridad personal y la felicidad, así como el deber sagrado de la hospitalidad. La historia de las propuestas matrimoniales de Posidón y Apolo se ha deducido quizás del culto conjunto de estas tres deidades en Delfos. El intento de violación de Príapo es una advertencia anecdótica contra los malos tratos sacrilegos a los huéspedes mujeres, que se hallan bajo la protección del hogar doméstico o público; en este caso incluso el asno, símbolo de la lujuria (véase 35.4), proclama la locura criminal de Príapo.

2. La arcaica imagen anicónica blanca de la Gran Diosa, utilizada en todo el Mediterráneo oriental, parece haber representado un montón de carbón que se mantiene ardiendo cubriéndolo con cenizas blancas, lo cual era el sistema más agradable y económico de calefacción en la antigüedad; no producía humo ni llamas, y constituía el centro natural de las reuniones familiares o del clan. En Delfos el montoncillo de carbón fue trasladado a un recipiente de piedra caliza para poder utilizarlo en el exterior, convirtiéndose en el omphalos, u ombligo, que tan frecuentemente aparece en las pinturas de vasijas griegas y que supuestamente indicaba el centro del mundo. Este objeto sagrado, que ha sobrevivido a las ruinas del santuario, está inscrito con el nombre de la Madre Tierra, con sus once pulgadas y cuarto de altura y quince y media de ancho; tiene el tamaño y la forma de una chimenea de carbón para calentar una estancia grande. En la época clásica la pitonisa tenía un sacerdote ayudante que la ponía en trance quemando granos de cebada, cáñamo y laurel en una lámpara de aceite dentro de un espacio cerrado, y que luego interpretaba lo que ella decía. Pero es probable que el cáñamo, el laurel y la cebada fueran en un tiempo puestos sobre las ascuas ardientes del montón de carbón, que es una forma más sencilla y efectiva de producir humos narcóticos (véase 51.¿>). Se han encontrado numerosos cacillos triangulares o en forma de hoja, hechos de piedra o arcilla, en santuarios cretenses y micénicos, algunos de ellos con señales de haber estado sometidos a altas temperaturas, y que seguramente se empleaban para proteger el fuego sagrado. El montón de carbón se ponía a veces sobre una mesa de arcilla redonda de tres patas, pintada de rojo, blanco y negro, que son los colores de la luna (véase 90.3). Se han hallado muestras en el Peloponeso, Creta y Délos, e incluso una de ellas, aparecida en una cámara funeraria en Zafer Papoura, cerca de Cnosos, tenía todavía el carbón encima de ella.

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